En el marco del Día Mundial de Cáncer de Ovario que se conmemoró el pasado 8 de mayo, la Secretaría de Salud hizo un llamado a la población femenina a no minimizar síntomas persistentes y buscar atención médica ante cualquier señal de alerta. La recomendación cobra relevancia porque el cáncer de ovario suele manifestarse con síntomas inespecíficos, lo que puede retrasar la consulta, la sospecha clínica y el diagnóstico.
La oncóloga Itzel Samantha Garduño Sánchez, adscrita al servicio de ginecología y obstetricia del Hospital Juárez de México, explicó que el dolor o las alteraciones funcionales no deben considerarse normales. “Se recomienda que, ante cualquier sintomatología, no hay que minimizarla. El dolor nunca es normal, el tener dificultad para comer no es normal, el tener dificultad para evacuar, para orinar no es normal, entonces ante cualquier síntoma por mínimo que sea acudir con un médico especialista”, señaló.
La advertencia es especialmente importante porque, hasta el 95 % de las pacientes refieren síntomas que no se asocian directamente con enfermedades del tracto genital femenino. Entre las manifestaciones descritas se incluyen hinchazón o distensión abdominal, sensación de saciedad temprana al comer, pérdida de peso, dolor pélvico, fatiga, dolor de espalda, estreñimiento, necesidad frecuente de orinar y tenesmo vesical, es decir, sensación frecuente de querer orinar sin poder hacerlo.
Esta presentación clínica plantea un reto para los equipos de salud, debido a que los síntomas pueden confundirse con trastornos gastrointestinales, urinarios o musculoesqueléticos. Por ello, el mensaje sanitario insiste en la importancia de valorar el conjunto de signos, la persistencia de las molestias y la presencia de factores de riesgo, especialmente en mujeres mayores de 40 años o con antecedentes familiares y genéticos relevantes.
Factores de riesgo y carga de enfermedad
La Secretaría de Salud destacó que la obesidad es un factor de riesgo importante para el desarrollo de cáncer de ovario. A esto se suman otros antecedentes asociados, como inicio temprano de la menstruación antes de los 12 años, infertilidad, menopausia tardía, no haber tenido hijos o nuliparidad, síndrome de ovario poliquístico y endometriosis.
También se ha identificado que la terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia puede aumentar el riesgo en algunos tipos de cáncer de ovario. La especialista mencionó además los antecedentes familiares de primer grado con este tipo de cáncer, la mutación de los genes BRCA1 y BRCA2 (también relacionados con cáncer de mama), así como el consumo de tabaco y alcohol.
En México, el cáncer de ovario es el tercer cáncer ginecológico más frecuente y el de mayor mortalidad. Se estima que cada año se presentan entre 4.500 y 5.000 casos nuevos, lo que equivale a una frecuencia aproximada de cinco a seis mujeres por cada 100.000 habitantes. En el Hospital Juárez de México, durante 2025 se otorgaron 1.074 consultas por cáncer de ovario, de acuerdo con lo informado por la especialista.
Este tipo de cáncer, incluye también tumores de la trompa uterina o trompa de Falopio y del peritoneo, la capa de tejido que cubre los órganos de la pelvis. En términos generales, se caracteriza por el crecimiento descontrolado de células en estos tejidos, lo que da lugar a la formación de tumores.
Tipos de cáncer de ovario y edad de presentación
El 90 % de los casos de cáncer de ovario son de origen epitelial. Este tipo suele presentarse a partir de los 55 años, con una media de edad de 63 años. No obstante, existen otros tipos menos frecuentes, como los tumores de células germinales y del estroma, cuya presentación depende de la célula donde inicia el crecimiento anormal.
El cáncer de ovario de células germinales puede presentarse en mujeres menores de 40 años y se ha asociado con mutaciones genéticas. Esta diferencia por tipo tumoral refuerza la necesidad de individualizar la sospecha clínica y considerar la edad, los antecedentes personales y familiares, así como la presencia de síntomas persistentes.
La ausencia de síntomas específicos y la falta de pruebas de tamizaje poblacional hacen que el diagnóstico oportuno dependa, en buena medida, de la consulta temprana y de la valoración médica especializada. La especialista indicó que actualmente no existen pruebas de tamizaje para cáncer de ovario. Sin embargo, guías internacionales contemplan estudios como marcadores tumorales y ultrasonidos endovaginales, principalmente en pacientes mayores de 40 años y en quienes presentan factores de riesgo establecidos, incluidos los de tipo genético.
Tratamiento según etapa clínica y características moleculares del tumor
El tratamiento del cáncer de ovario depende de la etapa clínica y de las características moleculares del tumor. En etapas 1 y 2, el abordaje suele iniciar con cirugía, seguida de quimioterapia. En etapas avanzadas, como 3 y 4, el manejo generalmente comienza con quimioterapia y posteriormente se realiza una cirugía de intervalo.
El objetivo de esta cirugía es lograr una citorreducción óptima, es decir, retirar toda la lesión visible sin dejar residuos de enfermedad en la pelvis ni en la cavidad abdominal. Posteriormente, el manejo suele continuar con más quimioterapia, de acuerdo con la evolución clínica y las características del caso.
En estadios avanzados, la especialista señaló que también debe evaluarse el tipo de variantes moleculares o la presencia de mutaciones genéticas. Esta información permite definir terapias de mantenimiento, incluidos medicamentos dirigidos a moléculas específicas, con el propósito de controlar la enfermedad.
El llamado de la Secretaría de Salud se centra en un mensaje preventivo y clínico: no minimizar síntomas, acudir a valoración médica y reforzar la identificación de factores de riesgo. Para los profesionales del sistema de salud, el desafío consiste en mejorar la sospecha diagnóstica frente a manifestaciones inespecíficas, orientar adecuadamente a las pacientes y promover una atención especializada que permita detectar la enfermedad en etapas con mayor probabilidad de sobrevida.



