México cerró 2024 con 819.672 defunciones, un incremento de 19.803 muertes (2,5%) frente al año anterior, de acuerdo con el reporte Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). La cifra confirma un repunte sostenido en la mortalidad nacional posterior a la pandemia y refleja la consolidación de un perfil epidemiológico dominado por las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT).
El informe revela una tasa bruta de mortalidad de 630 defunciones por cada 100.000 habitantes, con fuerte concentración en la población adulta mayor: 57,9% de los fallecimientos corresponden a personas de 65 años o más, cuya tasa específica supera las 4.400 muertes por cada 100.000 habitantes.
En términos demográficos, el dato evidencia un fenómeno doble: el envejecimiento poblacional y la persistente exposición a factores de riesgo, como la obesidad, la hipertensión arterial y los malos hábitos alimenticios, que amplifican la carga de enfermedad cardiovascular y metabólica.
A nivel territorial, la Ciudad de México (863) registró la tasa más alta de defunciones por ocurrencia, seguida de Morelos (799) y Chihuahua (770), mientras que Quintana Roo (490) y Baja California Sur (481) mostraron los niveles más bajos. Estas diferencias reflejan brechas estructurales en acceso a servicios de salud, urbanización y transición demográfica, donde las entidades con mayor envejecimiento o carga urbana tienden a concentrar más muertes por enfermedades crónicas.
Las enfermedades del corazón encabezan la mortalidad: más de 192 mil muertes al año
Con 192.518 defunciones, las enfermedades del corazón se consolidan como la principal causa de muerte en México por encima de cualquier otro grupo patológico. El 23,5% de las muertes registradas tiene origen cardiovascular, y dentro de ellas, tres de cada cuatro se relacionan con enfermedades isquémicas, es decir, con la falta de flujo sanguíneo al corazón derivada de aterosclerosis, colesterol alto y sedentarismo.
Este patrón confirma la epidemia silenciosa de las enfermedades cardiovasculares, que avanza de forma sostenida pese a las estrategias nacionales de control de hipertensión y dislipidemias. Estados como Tabasco (185,4 muertes por cada 100.000 habitantes) y Coahuila (174,9) presentan tasas hasta 60% superiores a la media nacional, lo que indica una vulnerabilidad marcada por contextos de alto consumo calórico, inactividad física y atención médica tardía.
El dato reviste especial importancia para el sistema de salud: las enfermedades cardíacas implican altos costos de atención hospitalaria y rehabilitación, y su control depende de la detección temprana en el primer nivel de atención, un eslabón históricamente débil en México.
La diabetes mellitus mantiene su impacto letal y revela una falla estructural en la prevención
La diabetes mellitus, segunda causa de muerte con 112.577 fallecimientos, mantiene su tendencia ascendente y reafirma el desafío que enfrenta el país para contener una enfermedad que combina determinantes sociales, alimentarios y genéticos.
El 76% de los casos corresponde a diabetes tipo 2, ligada directamente al sobrepeso y la obesidad, condiciones que afectan al 74% de los adultos mexicanos según la ENSANUT 2023.
Las entidades con mayores tasas estandarizadas Tabasco (131,4), Puebla (112,8) y Veracruz (111,1) coinciden con regiones de altos índices de marginación y menor disponibilidad de servicios especializados en control metabólico, mientras que los niveles más bajos en Sinaloa (51,8) y Sonora (52,8) evidencian mejor cobertura y detección temprana.
Más allá de la cifra, el indicador es un síntoma de debilidad preventiva. Cada muerte por diabetes suele representar años de tratamiento insuficiente o complicaciones renales y cardiovasculares no controladas, lo que se traduce en mayor presión económica sobre el sistema público de salud. En términos de gasto, la diabetes consume hasta el 30% del presupuesto asignado a enfermedades crónicas, según estimaciones del propio sector.
El cáncer: tercera causa con tendencia ascendente y brechas de acceso diagnóstico
El cáncer se mantuvo como la tercera causa de muerte con 95.108 defunciones y una tasa de 73,1 por cada 100.000 habitantes, lo que representa un incremento interanual respecto a 2023.
Los tumores digestivos fueron los más letales (33,4 % del total), seguidos de los genitourinarios (24,5%) y de mama y piel (13,7%).
El cáncer de mama, con 8.439 defunciones, y el cáncer cervicouterino, con 4.646, siguen afectando principalmente a mujeres mayores de 55 años y ponen en evidencia la persistente desigualdad en detección temprana y acceso a tratamientos oncológicos.
Los estados con mayores tasas Chihuahua (90,1), Baja California Sur (88,8) y Baja California (86,9) concentran una mayor disponibilidad de registros oncológicos, pero también mayor exposición a factores ambientales y hábitos asociados al cáncer gastrointestinal y pulmonar, lo que sugiere la necesidad de políticas de salud pública diferenciadas por región.
Otras causas: hígado, vías respiratorias y riñones, reflejo de hábitos y entornos de riesgo
Las enfermedades del hígado ocuparon el cuarto lugar con 40.645 muertes, de las cuales un 32,7% se relaciona con el consumo de alcohol y un 72,2% ocurrió en hombres.
Esta cifra ilustra una problemática doble; el impacto sanitario del consumo riesgoso de alcohol y la falta de programas efectivos de prevención y detección de enfermedad hepática crónica.
Por su parte, las enfermedades respiratorias como la influenza y la neumonía causaron 37.283 muertes, cifra que subraya la necesidad de fortalecer la vacunación estacional y la atención temprana en adultos mayores, el grupo más afectado.
En tanto, la insuficiencia renal crónica (17.352 muertes) y la EPOC (19.136) consolidan el peso de las enfermedades relacionadas con la contaminación, el tabaquismo y el manejo inadecuado de comorbilidades crónicas, tres factores que siguen sin ser abordados integralmente por las políticas de salud pública.
Mortalidad infantil: persistencia de causas prevenibles
El país registró 17.421 muertes en menores de un año, de las cuales más de la mitad (53,6%) se debió a afecciones del periodo perinatal y 22,6% a malformaciones congénitas.
Aunque el número absoluto se ha mantenido estable, la persistencia de causas prevenibles como la dificultad respiratoria neonatal y la falta de acceso oportuno a cuidados intensivos evidencia desigualdades territoriales en la atención obstétrica y neonatal.
Mientras en algunas zonas urbanas la supervivencia infantil supera estándares internacionales, en comunidades rurales y estados del sur las muertes por causas evitables siguen siendo elevadas, un indicador de inequidad estructural.
El reto sanitario de México: contener la mortalidad crónica y reducir brechas regionales
El análisis del INEGI deja claro que México enfrenta una transición epidemiológica irreversible, las enfermedades crónicas no transmisibles concentran cerca del 90% de las muertes totales, desplazando casi por completo a las infecciosas como principal causa de mortalidad.
Este cambio exige una política nacional de prevención continua, con énfasis en educación alimentaria, diagnóstico temprano y control de factores de riesgo
La carga de mortalidad crónica tiene además implicaciones económicas profundas: incrementa los costos hospitalarios, prolonga los tratamientos y reduce la productividad laboral.
De no modificarse la tendencia actual, las enfermedades cardiovasculares, metabólicas y oncológicas podrían superar el millón de muertes acumuladas antes de 2030, comprometiendo la sostenibilidad financiera del sistema de salud.
El panorama que plantea el INEGI no solo es estadístico: es una advertencia. México necesita una respuesta institucional sostenida, que fortalezca la atención primaria, promueva la corresponsabilidad de los pacientes y garantice acceso a servicios de calidad en todos los niveles del sistema sanitario.
Encuentre aquí el informe completo del INEGI: Estadísticas de Defunciones Registradas 2024.




