PUBLICADO: noviembre 25, 2025 | 3:06 pm

Protesta masiva de trabajadores de la salud en Ciudad de México revela desabasto, rezagos estructurales y un sistema bajo máxima presión

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Protesta de 3.000 trabajadores en CDMX evidencia desabasto, rezagos laborales y presión estructural en el sistema de salud mexicano en 2025.
Protesta masiva de trabajadores de la salud en Ciudad de México revela desabasto, rezagos estructurales y un sistema bajo máxima presión

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Más de 3.000 trabajadores de la salud de 100 hospitales y 20 jurisdicciones sanitarias marcharon esta semana en Ciudad de México para exigir mejores salarios, estabilidad laboral y suministro oportuno de insumos, en una protesta que expone un problema de fondo desabasto recurrente, precariedad laboral, rezagos en infraestructura, saturación hospitalaria y una brecha creciente entre el discurso oficial y la realidad cotidiana en clínicas y hospitales. La movilización, protagonizada por personal de IMSS-Bienestar y del sector salud del Estado de México, volvió a colocar en la agenda pública la sostenibilidad operativa del sistema sanitario mexicano.

Una marcha que visibiliza el desgaste de la red pública

La “Marcha por la Dignidad Laboral” congregó a personal médico, de enfermería, paramédico, administrativo y operativo que denunció sobrecarga de trabajo, contratos precarios, falta de basificación y riesgos crecientes de violencia en entornos clínicos. Las demandas incluyeron la homologación salarial entre entidades, la regularización de trabajadores por honorarios y la mejora del equipamiento en unidades que operan con infraestructura limitada.

Dirigentes sindicales del SNTSA y representantes de IMSS-Bienestar señalaron que numerosas unidades en el Estado de México trabajan con plantillas incompletas, equipos obsoletos y turnos extendidos, lo que impacta tanto en la calidad de la atención como en la salud física y mental del propio talento humano. La protesta, subrayaron, no se limita a reivindicaciones salariales, sino a la viabilidad misma de la atención continua en hospitales y centros de salud.

Desabasto: cifras oficiales altas, pero con huecos en la práctica

De acuerdo con datos oficiales recientes, el IMSS reporta un abasto de medicamentos de 97%, mientras que IMSS-Bienestar alcanza 92% de cobertura global y 96% para fármacos oncológicos.

Sin embargo, organizaciones de seguimiento ciudadano y personal clínico continúan documentando faltantes de antibióticos, anestésicos y otros insumos críticos, especialmente en cirugías, urgencias y tratamientos hospitalarios de alta complejidad.

Una parte relevante del problema obedece a factores financieros y logísticos. Representantes de la industria farmacéutica han señalado que deudas históricas del gobierno superiores a 40.000 millones de pesos y pagos con retrasos de hasta 18 meses han tensionado la cadena de suministro, obligando en algunos casos a replantear entregas y condiciones comerciales. Al mismo tiempo, cuellos de botella en los almacenes de Birmex, donde incluso se han tenido que devolver embarques por saturación, han añadido un componente operativo a la crisis de abastecimiento.

En este contexto, la brecha entre los porcentajes de abasto declarados y la experiencia del personal en los servicios se convierte en uno de los puntos neurálgicos del malestar.

Dispositivos médicos: aranceles, dependencia externa y riesgos para la producción

El sector de dispositivos médicos, uno de los más dinámicos de la economía mexicana y clave en las exportaciones, también se encuentra bajo presión. La aplicación de aranceles a más de 1.400 productos de origen asiático compromete el acceso a materias primas críticas provenientes de China y otros países, utilizadas en la fabricación de jeringas, catéteres, sondas y equipos de diagnóstico.

La Asociación Nacional de Proveedores de la Salud ha advertido que muchas empresas operan con márgenes ajustados, lo que implica que cualquier aumento de costos o retraso logístico puede traducirse rápidamente en escasez o sobrecostos para hospitales y clínicas. Mientras el Plan México plantea fortalecer la manufactura nacional, especialistas recuerdan que la sustitución de cadenas de suministro internacionales requiere años de inversión, transferencia tecnológica, certificaciones y estabilidad regulatoria, por lo que la dependencia de insumos importados seguirá siendo un factor crítico en el corto y mediano plazo.

Estrategia OPS/OMS 2026–2031: hoja de ruta ambiciosa en un contexto de restricciones

En medio de estas tensiones, el Gobierno de México y la OPS/OMS presentaron la “Estrategia de Cooperación 2026–2031”, un marco conjunto que prioriza la atención primaria, la prevención, la salud mental y el fortalecimiento de la rectoría sanitaria.

El secretario de Salud, David Kershenobich, destacó que la iniciativa busca consolidar una “república sana, equitativa y solidaria”, con especial énfasis en enfermedades no transmisibles, vigilancia de enfermedades infecciosas y emergencias sanitarias, y autosuficiencia sanitaria mediante redes regionales de ciencia e innovación. El representante de OPS/OMS en México, José Moya, subrayó que la estrategia establece prioridades claras para alinear la cooperación técnica internacional con las metas nacionales de salud.

Para la red de servicios, estos compromisos se traducen en la expectativa de reforzar la atención primaria y el primer nivel, históricamente rezagados frente al peso hospitalario. No obstante, su implementación efectiva dependerá de la disponibilidad presupuestal, la capacidad de gestión y la estabilidad institucional en los próximos años.

Indicadores internacionales: rezago estructural documentado por la OCDE

Los datos más recientes de la OCDE confirman un rezago estructural significativo en el desempeño del sistema de salud mexicano. La esperanza de vida se sitúa en 75,5 años, alrededor de 5,6 años por debajo del promedio de la organización, mientras que solo 78% de la población cuenta con cobertura de un paquete básico de servicios de salud y 56% declara estar satisfecha con la disponibilidad de atención, frente a un promedio de 64% en el conjunto de países de la OCDE

En términos de financiamiento, México destina US$1.588 per cápita a salud, frente a un promedio de US$5.967 en la OCDE, lo que representa 5,9% del PIB frente a 9,3% en los países comparables. Además, sólo 3,6% del gasto sanitario se orienta a prevención, una proporción apenas alineada con el promedio de 3,4% pero insuficiente para revertir tendencias en enfermedades crónicas y mortalidad evitable.

La nota de país de Health at a Glance 2025 también documenta que México cuenta con 2,7 médicos por cada 1.000 habitantes, claramente por debajo del promedio de la OCDE (3,9), y que persisten limitaciones en disponibilidad de enfermeras, camas hospitalarias y equipamiento diagnóstico avanzado. En conjunto, estos datos coinciden con lo que reportan los trabajadores movilizados, un sistema que opera permanentemente al límite de su capacidad.

Presupuesto 2026: más recursos, pero aún por debajo de estándares recomendados

En materia presupuestal, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) confirmó que el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2026 contempla más de 2,45 billones de pesos para el sector salud, por encima de los 2,3 billones aprobados para 2025. De acuerdo con declaraciones recientes del propio secretario de Salud, esto implica un incremento real cercano a 2,5%, con énfasis declarado en atención directa y hospitales de alta especialidad.

Sin embargo, análisis independientes estiman que el presupuesto total destinado al sector salud equivale aproximadamente a 2,6% del PIB, muy por debajo del mínimo de 6% recomendado por la OMS para avanzar hacia la cobertura universal en condiciones de suficiencia. Esta brecha explica por qué, a pesar de los aumentos nominales, persisten cuellos de botella en infraestructura, recursos humanos, prevención y acceso a tecnologías sanitarias.

Próximos pasos en un sistema bajo presión

La movilización de trabajadores de la salud en Ciudad de México funciona como un termómetro del sistema sanitario revela el choque entre indicadores macroeconómicos, cifras oficiales de abasto y la experiencia cotidiana de quienes sostienen la red asistencial.

Mientras las autoridades subrayan avances en cobertura de medicamentos, cooperación internacional y aumento del presupuesto, el personal en terreno advierte que la combinación de desabasto intermitente, precariedad laboral y demanda creciente mantiene al sistema bajo una presión constante.

En este escenario, los próximos meses serán clave. La forma en que el gobierno federal y las autoridades estatales respondan a las exigencias de basificación, abasto, seguridad laboral y fortalecimiento de la atención primaria determinará si la “Marcha por la Dignidad Laboral” fue un punto de inflexión hacia la corrección de rezagos estructurales o el preludio de nuevas jornadas de protesta en uno de los sectores más estratégicos para el país.

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