PUBLICADO: marzo 16, 2026 | 1:01 pm

Investigación genómica sobre obesidad en México revela variantes que aumentan la susceptibilidad en entornos obesogénicos

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Investigaciones del Inmegen identifican variantes genéticas, factores epigenéticos y microbioma intestinal como claves en la obesidad en México.
Investigación genómica sobre obesidad en México

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La investigación genómica sobre obesidad en México sigue aportando evidencia para comprender por qué esta enfermedad presenta una alta prevalencia en la población nacional. Estudios desarrollados por el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen) muestran que la obesidad no responde a una causa única, sino a la interacción entre variantes genéticas, factores ambientales y procesos biológicos reguladores. Este enfoque ha permitido identificar mecanismos que influyen en el metabolismo, el apetito, la inflamación y el almacenamiento de energía, y que ayudan a explicar la mayor vulnerabilidad de ciertos grupos poblacionales frente a entornos obesogénicos.

La obesidad en la población mexicana ha sido objeto de diversas líneas de investigación impulsadas por el Inmegen, cuyos hallazgos apuntan a una explicación multifactorial de esta condición. De acuerdo con la investigadora emérita y líder del Laboratorio de Inmunogenómica y Enfermedades Metabólicas del Instituto, Lorena Orozco, existen cientos de variantes genéticas que influyen en la susceptibilidad a desarrollar obesidad, aunque ninguna de ellas determina por sí sola que una persona padezca la enfermedad.

La especialista explicó que los estudios científicos realizados con participación de equipos del Inmegen han demostrado que la obesidad es resultado de una interacción compleja entre genética, ambiente y procesos biológicos. Esta lectura desplaza las explicaciones simplificadas y sitúa el problema dentro de una red de factores que actúan de manera simultánea sobre el organismo.

La investigación genómica sobre obesidad en México identifica variantes asociadas al metabolismo y la homeostasis energética

Uno de los principales aportes de estas investigaciones es la identificación de numerosas variantes genéticas en la población mexicana que afectan la función de genes vinculados con el metabolismo y la homeostasis energética. Según explicó Lorena Orozco, estas variantes no causan obesidad de manera directa, pero sí participan en procesos fisiológicos decisivos.

Entre los mecanismos involucrados se encuentran el almacenamiento de energía, la regulación del apetito y las respuestas inflamatorias. Estas funciones son clave para mantener el equilibrio metabólico del organismo, de modo que cualquier alteración en su regulación puede aumentar la probabilidad de desarrollar obesidad cuando se combina con otros factores de riesgo.

La investigadora precisó que muchas de estas variantes genéticas son compartidas con otras poblaciones del mundo. Sin embargo, también se han identificado algunas que presentan particularidades en la población mexicana, lo que ha abierto una línea de análisis sobre las condiciones históricas y evolutivas que pudieron favorecer su permanencia.

La hipótesis de los “genes ahorradores” reaparece en la explicación evolutiva de la obesidad

Desde una perspectiva evolutiva, Orozco señaló que los pueblos originarios enfrentaron durante miles de años periodos prolongados de escasez alimentaria. En ese contexto, habrían sido favorecidas variantes en genes orientados al ahorro de energía, conocidos como “genes ahorradores”.

De acuerdo con esta explicación, los mecanismos biológicos que en otro momento pudieron representar una ventaja adaptativa frente a la falta de alimento, hoy interactúan con un entorno radicalmente distinto. En la actualidad, estas variantes se enfrentan a condiciones marcadas por el acceso extendido a alimentos ultraprocesados de alta densidad calórica, el sedentarismo y el estrés, elementos que configuran un ambiente obesogénico.

El valor de esta interpretación no radica en atribuir la obesidad exclusivamente a la herencia genética, sino en mostrar cómo ciertos perfiles biológicos pueden volverse más vulnerables cuando se exponen de forma sostenida a un entorno que favorece el aumento de peso.

Epigenómica: el ambiente también modifica la forma en que se expresan los genes

Otra de las líneas de trabajo del Inmegen se concentra en la epigenómica, disciplina que estudia cómo factores del entorno pueden modificar la activación o silenciamiento de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Este enfoque resulta central para comprender cómo la alimentación, la actividad física o el estrés pueden influir en la aparición de obesidad más allá de la predisposición genética.

La especialista explicó que estos cambios epigenéticos tienen impacto en procesos como la inflamación crónica de bajo grado y la regulación hormonal, ambos relacionados con la forma en que el organismo maneja la energía y el equilibrio metabólico.

Los efectos de estas modificaciones pueden observarse en órganos clave como el tejido adiposo, el hígado y el páncreas, estructuras fundamentales en la regulación del metabolismo. Bajo esta perspectiva, la obesidad no se limita a una acumulación de peso corporal, sino que se vincula con alteraciones funcionales en distintos sistemas biológicos.

El microbioma intestinal emerge como otro componente en la regulación del peso corporal

El Inmegen también ha profundizado en el estudio del microbioma intestinal, entendido como el conjunto de billones de microorganismos que habitan en el aparato digestivo. Estas comunidades microbianas desempeñan un papel relevante en la regulación del metabolismo, la inflamación y las señales de saciedad.

Según lo expuesto por Lorena Orozco, cuando este ecosistema sufre una alteración, fenómeno conocido como disbiosis, se produce un desbalance en el procesamiento de energía y en las respuestas inflamatorias del organismo. Ese desajuste favorece el aumento de peso y se integra a la explicación biológica de la obesidad.

El análisis del microbioma amplía el marco interpretativo de la enfermedad, al incorporar factores internos que también responden a la dieta, el estilo de vida y otras condiciones ambientales. Esta línea de investigación refuerza la idea de que la obesidad es una condición compleja, en la que convergen múltiples sistemas regulatorios.

La susceptibilidad genética no equivale a un destino inevitable

Uno de los puntos subrayados por la investigadora es que la susceptibilidad genética no significa que una persona esté destinada a desarrollar obesidad. Las variantes genéticas aumentan el riesgo, pero requieren la exposición a un ambiente obesogénico para que la enfermedad se manifieste.

Esta precisión es relevante desde el punto de vista clínico y de salud pública, porque evita interpretaciones deterministas. La evidencia presentada por el Inmegen apunta a que el riesgo biológico se expresa en interacción con condiciones del entorno, no de manera automática ni inevitable.

En consecuencia, la comprensión de la obesidad desde la medicina genómica no desplaza la importancia del ambiente, sino que la integra de manera más sofisticada. Alimentación, actividad física, estrés y otros factores siguen siendo componentes decisivos en la expresión de la enfermedad, incluso en personas con mayor predisposición biológica.

El Inmegen busca explicar la mayor vulnerabilidad de la población mexicana a la obesidad

Lorena Orozco destacó finalmente que las investigaciones del Inmegen están orientadas a comprender por qué la población mexicana presenta una mayor vulnerabilidad frente a esta enfermedad y cómo generar respuestas sustentadas en la medicina genómica.

El valor de estos hallazgos radica en que permiten construir explicaciones más precisas sobre la obesidad, vinculando elementos genéticos, epigenéticos, evolutivos, metabólicos y microbianos. También abren la puerta a estrategias futuras basadas en un mejor entendimiento de los factores que aumentan el riesgo en grupos específicos de la población.

En ese sentido, la investigación genómica sobre obesidad en México no solo aporta conocimiento sobre la enfermedad, sino que contribuye a delinear un enfoque más amplio para su estudio. La evidencia generada por el Inmegen confirma que la obesidad debe entenderse como el resultado de una interacción compleja entre biología y entorno, y no como una condición explicable desde una sola causa.

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