El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) implementó en el Hospital Regional de Alta Especialidad “Bicentenario de la Independencia” el protocolo Código Mariposa, un modelo hospitalario orientado a brindar apoyo emocional, privacidad y trato digno a madres que enfrentan una pérdida gestacional, perinatal o neonatal. El alcance del protocolo comprende desde la semana 20 del embarazo hasta los primeros 28 días de vida del recién nacido.
La puesta en marcha de esta estrategia introduce un componente de atención centrado no solo en la resolución clínica inmediata, sino en el acompañamiento del duelo dentro del entorno hospitalario. La medida cobra especial relevancia en escenarios donde la experiencia asistencial puede profundizar el impacto emocional de la pérdida si no existen condiciones adecuadas de privacidad, sensibilidad y continuidad del cuidado.
El protocolo se inscribe en la Estrategia de Trato Digno impulsada por el director general del ISSSTE, Martí Batres Guadarrama. Bajo ese marco, la implementación del Código Mariposa busca transformar una experiencia de profundo dolor en un proceso protegido, respetado y acompañado por personal de salud capacitado.
Un espacio aislado para evitar la revictimización de las pacientes
Uno de los componentes centrales del protocolo es la habilitación de una habitación identificada dentro del área de tococirugía, destinada exclusivamente a la atención de pacientes que cursan este tipo de pérdidas. Según explicó la coordinadora de Enfermería del hospital, Mónica Álvarez Pacheco, la madre es ubicada en una zona tranquila, alejada de las áreas de recuperación donde permanecen madres con bebés sanos.
La decisión apunta a resolver una situación que, según relató la propia coordinadora, había sido señalada por pacientes que atravesaron este tipo de experiencias y expresaron la dificultad emocional de compartir la recuperación hospitalaria con mujeres que se encontraban junto a sus recién nacidos. Esa observación derivó en la determinación de adecuar un área específica para este protocolo.
El hospital identificó este espacio mediante el símbolo de una mariposa morada, un elemento visual pensado para sensibilizar al entorno hospitalario sobre la condición de la paciente y de su familia. La señalización también cumple una función operativa: permite que el personal, incluso durante cambios de turno, reconozca de inmediato los lineamientos de atención que deben aplicarse en ese caso.
Más allá del valor simbólico, este recurso introduce una lógica de continuidad en el trato. La intención institucional es evitar abordajes fragmentados o despersonalizados y garantizar que, desde el ingreso hasta el egreso, la paciente reciba una atención coherente con el principio de no revictimización.
Atención integral con enfoque multidisciplinario
El Código Mariposa no se limita a la asignación de un espacio físico diferenciado. El protocolo contempla una atención integral en la que intervienen especialistas en Gineco Obstetricia, Psicología, Enfermería y Trabajo Social. La participación articulada de estas áreas refleja una comprensión más amplia del impacto que tiene la pérdida gestacional, perinatal o neonatal sobre la salud mental y emocional de las pacientes y sus familias.
La institución precisó que el seguimiento se divide en dos fases. La primera corresponde a la etapa hospitalaria, en la que el personal médico brinda atención inmediata con énfasis en empatía, trato digno y no revictimización. Este componente sugiere una modificación deliberada en la forma de acompañar clínicamente a la paciente, reconociendo que la dimensión emocional del evento requiere un manejo tan estructurado como la atención médica misma.
La segunda fase es ambulatoria y comienza una vez que la paciente egresa del hospital. En ese momento se programan citas en diferentes especialidades para dar continuidad a la atención integral. Esta transición del ámbito intrahospitalario al seguimiento posterior permite que el acompañamiento no se limite al momento agudo de la pérdida, sino que continúe durante el proceso de duelo.
La estructura en dos fases también muestra una apuesta por ordenar la ruta asistencial de estas pacientes. En lugar de un manejo aislado y episódico, el hospital plantea una secuencia de atención que reconoce la necesidad de continuidad clínica y psicosocial.
Trato digno como criterio de calidad en la atención
La coordinadora de Enfermería del HRAE “Bicentenario de la Independencia” enfatizó que el protocolo responde a una convicción institucional: la calidad humana y la empatía no son negociables. Desde esa perspectiva, el trato digno se convierte en un criterio central de calidad en la atención y no en un componente accesorio del servicio.
Este planteamiento tiene implicaciones relevantes para los servicios obstétricos y hospitalarios. El Código Mariposa no se presenta únicamente como una adecuación logística, sino como una intervención sobre la cultura de atención, en la que el lenguaje, el entorno, la privacidad y la coordinación entre disciplinas forman parte del cuidado.
El modelo implementado por el hospital también pone de relieve el valor de escuchar la experiencia de las pacientes como insumo para rediseñar procesos. En este caso, la decisión de habilitar una zona específica surgió a partir de comentarios expresados en el área de enfermería por mujeres que habían vivido una pérdida y que describieron la dureza de recuperarse en salas compartidas con otras madres y sus bebés.
Ese origen refuerza el enfoque del protocolo: no se trata solo de responder a una necesidad clínica, sino de corregir prácticas que pueden profundizar el sufrimiento emocional dentro del propio hospital. El resultado es una ruta de atención que busca proteger a la paciente en uno de los momentos más sensibles de su experiencia asistencial.
Un compromiso institucional con atención empática y respetuosa
Con la implementación del Código Mariposa, el ISSSTE refuerza en el Hospital Regional de Alta Especialidad “Bicentenario de la Independencia” una política de atención basada en privacidad, acompañamiento profesional y sensibilidad frente al duelo perinatal. La estrategia se integra al discurso institucional de atención digna y empática para la derechohabiencia.
En términos asistenciales, el protocolo ordena una respuesta que combina espacio diferenciado, lineamientos de atención clínica, intervención multidisciplinaria y seguimiento posterior al egreso. En términos humanos, busca reconocer el impacto profundo de la pérdida y ofrecer una experiencia hospitalaria menos traumática para las pacientes y sus familias.
La implementación de este modelo en el Estado de México abre una referencia concreta sobre cómo las instituciones pueden adaptar sus procesos internos para responder con mayor sensibilidad a eventos obstétricos críticos, incorporando el trato digno como parte esencial del cuidado.
