El PRONAM de sobrepeso y obesidad en México plantea un cambio de enfoque relevante para la práctica clínica cotidiana. Durante su participación en el curso Sobrepeso y Obesidad: Los Primeros 1000 Días y la Importancia del Seguimiento a lo Largo de la Vida, organizado por la Academia Nacional de Medicina y el Grupo de Obesidad de la Sociedad Mexicana de Endocrinología Pediátrica, la secretaria del Consejo de Salubridad General, Patricia Clark Peralta, explicó que la obesidad debe entenderse como una enfermedad heterogénea, progresiva y recidivante, caracterizada por exceso de tejido adiposo disfuncional, lo que exige tratamiento integral, individualizado y sostenido en el tiempo. Esa visión coincide con la estructura operativa del protocolo oficial.
La relevancia del documento radica en que traslada esa definición clínica a decisiones concretas en consulta. El protocolo propone que desde la primera valoración se integren historia clínica, exploración física, antropometría y búsqueda dirigida de factores que expliquen la ganancia de peso a lo largo de la vida, incluidos antecedentes familiares, enfermedades asociadas, uso de medicamentos que favorecen aumento ponderal y determinantes socioculturales y ambientales. En adultos, además, clasifica el estado nutricional por índice de masa corporal y añade la obesidad abdominal como marcador de mayor riesgo cuando la circunferencia de cintura es igual o superior a 90 cm en hombres y 80 cm en mujeres.
Un abordaje clínico que va más allá de la dieta
Uno de los aportes más sólidos del PRONAM es que evita reducir la atención al consejo nutricional aislado. El protocolo organiza el manejo alrededor de nutrición, actividad física, salud mental y hábitos, y recomienda una estrategia estructurada de comunicación colaborativa mediante la metodología de las 5A’s, orientada a una atención respetuosa y sin prejuicios. También incorpora la metodología de las 4M’s para la valoración integral, con énfasis en dimensiones metabólicas, mecánicas, mentales y monetario-sociales.
En términos prácticos, el documento propone iniciar desde la primera consulta con acciones sobre alimentación saludable, ejercicio, higiene del sueño, manejo del estrés y suspensión del tabaquismo. Para adultos, detalla medidas como explicar el “Plato del Bien Comer”, reducir porciones, evitar bebidas con calorías, disminuir grasas saturadas y ultraprocesados, aumentar fibra y promover automonitoreo de alimentos, horarios, sueño, ejercicio y emociones. En actividad física, sugiere comenzar con 10 a 15 minutos tres veces por semana e incrementar hasta 30 a 45 minutos por día.
Ese diseño confirma que el protocolo no concibe la obesidad como un episodio breve, sino como una condición que requiere continuidad terapéutica. Patricia Clark subrayó que, en una segunda fase, el tratamiento debe enfocarse en mantenimiento y apoyo, revisión de hábitos adoptados, discusión de barreras, soporte psicoeducativo y evaluación de comorbilidades. El propio PRONAM establece que la valoración de comorbilidades debe realizarse de forma inicial, trimestral y semestral cuando exista control adecuado, lo que refuerza la idea de seguimiento permanente y no de intervenciones ocasionales.
Comorbilidades desde edades tempranas y necesidad de detección oportuna
El mensaje de fondo del protocolo es preventivo, pero con una fuerte base clínica. La secretaria del CSG advirtió que el sobrepeso y la obesidad detonan comorbilidades como diabetes tipo 2, dislipidemias, apnea del sueño, osteoartritis, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y cáncer. El PRONAM operacionaliza esa advertencia al incluir estudios y criterios de valoración metabólica, mecánica y mental, como glucosa, HbA1c, lípidos, enzimas hepáticas, creatinina, limitación física, función cardiovascular, depresión, ansiedad, estrés y adicciones.
En población pediátrica, la lógica es incluso más contundente. Clark enfatizó que las comorbilidades asociadas a la obesidad pueden manifestarse desde la infancia temprana y que su búsqueda debe ser intencionada y oportuna para evitar su agravamiento. El protocolo para niñas, niños y adolescentes incluye parámetros diagnósticos y de seguimiento para hipertensión, dislipidemia, síndrome de apnea obstructiva del sueño, esteatosis hepática, prediabetes y diabetes. También clasifica la obesidad pediátrica por percentiles y porcentaje del percentil 95 del IMC, y organiza el tratamiento por estadios que van desde asesoramiento de estilo de vida saludable hasta referencia multidisciplinaria y manejo especializado.
Este componente resulta especialmente relevante para el primer nivel de atención, porque traslada la vigilancia del riesgo cardiometabólico al contacto temprano con el sistema. El protocolo, además, especifica metas de seguimiento pediátrico cada uno a tres meses y promueve intervenciones ajustadas por grupo etario, desde lactancia exclusiva y ausencia de bebidas endulzadas en lactantes, hasta recomendaciones de actividad física, sueño y reducción de pantallas en preescolares, escolares y adolescentes.
Homologar la atención y reducir brechas territoriales
Otro elemento central de los PRONAM es su vocación de estandarización clínica. Patricia Clark señaló que estos documentos fueron diseñados para homologar la atención médica en todo el país y reducir brechas en el acceso a servicios de calidad. “Buscamos que un paciente reciba la misma calidad de atención, sin importar si se encuentra en la sierra de Chihuahua, en la sierra de Chiapas o en la Ciudad de México”, afirmó. Esa intención se refleja en el formato mismo de los protocolos: documentos breves, de aproximadamente 15 a 20 páginas, con infografías y algoritmos clínicos que simplifican su consulta y aplicación en unidades de atención primaria.
La apuesta institucional también es estructural. Clark sostuvo que la implementación de estos protocolos forma parte de una política de salud pública orientada a fortalecer la prevención y el primer nivel de atención, con el objetivo de evitar complicaciones graves y mejorar resultados en salud. En esa misma línea afirmó que, cuando una enfermedad se detecta a tiempo en la atención primaria, puede modificarse el curso de vida de las personas, y definió a los PRONAM como una herramienta innovadora para transformar el sistema de salud mexicano.
En ese contexto, el PRONAM sobre sobrepeso y obesidad no solo ofrece un esquema técnico de manejo clínico. También fija una posición sanitaria: atender esta enfermedad exige seguimiento longitudinal, evaluación integral de comorbilidades, abordaje no estigmatizante y una participación activa del personal del primer nivel. Para médicos generales, equipos de salud familiar, nutriólogos y responsables de gestión clínica, el protocolo perfila una ruta más clara para intervenir tempranamente y sostener el cuidado antes de que la obesidad evolucione hacia complicaciones de mayor carga para el paciente y el sistema.



