En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, el panorama del cáncer cervicouterino en México exhibe un contraste marcado, mientras se reportan avances institucionales en vacunación y tamizaje, persisten muertes evitables, pérdidas en el seguimiento clínico y señales de insuficiencia, desigualdad y subejercicio del gasto público destinado a la atención oncológica en mujeres.
De acuerdo con el informe Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR), en 2024 fallecieron 4.646 mujeres por cáncer de cuello uterino (cáncer cervicouterino, CaCu), lo que lo ubicó como la segunda causa de muerte por cáncer entre las mexicanas. Las zonas rurales concentran una mayor proporción de defunciones, en un contexto donde la enfermedad es prevenible y curable si se detecta a tiempo y se garantiza el tratamiento oportuno.
Presupuesto para cáncer en mujeres: reducción, recortes focalizados y subejercicio
Un elemento clave del diagnóstico proviene del informe “Presupuesto para Cáncer. Insuficiencia, desigualdad y subejercicio en el gasto” del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP). Según este análisis, el gasto para atención de cáncer en mujeres se redujo 52,7% entre 2017 y 2023, al pasar de 1.329,3 millones de pesos en 2017 a 629,1 millones.
El recorte no fue homogéneo, los mayores descensos se observaron en cáncer de mama (75,4%) y cáncer cervicouterino (71,7%). A esto se suma un dato operativo sensible: en 2023 se registró un subejercicio de 51,8% para cáncer en mujeres, lo que sugiere que, además de la contracción presupuestal, hubo dificultades en la ejecución efectiva del gasto.
En el componente asistencial, se incorpora una estimación atribuida al Instituto Nacional de Cancerología (INCan): 2 de cada 10 personas que solicitaron atención no pudieron recibirla. En términos de gestión clínica, esta cifra apunta a una posible presión sobre la capacidad instalada y sobre la continuidad del cuidado, especialmente en poblaciones con barreras geográficas y socioeconómicas.
Desigualdad social y territorial: el perfil de mayor riesgo en CaCu
La información del INCan describe un patrón social nítido: en México, 74,3% de los casos de cáncer cervicouterino ocurren en niveles socioeconómicos bajos. Dentro de ese grupo, se reporta que 83,3% destina la mayor parte de sus ingresos a servicios básicos, lo que limita la posibilidad de priorizar atención médica; además, 51,7% no cuenta con escolaridad, 52,2% proviene de zona rural y 79,5% son trabajadoras del hogar.
En contraste, el 25,3% de los casos corresponde a niveles socioeconómicos intermedios y altos: 78,1% vive en zonas urbanas; 57,1% destina la mayor parte de sus ingresos a servicios básicos; y 35% no cuenta con escolaridad. La comparación perfila una brecha de vulnerabilidad donde el territorio (ruralidad), la escolaridad y el rol ocupacional se alinean con mayor riesgo de diagnóstico tardío y menor capacidad de sostener rutas de atención.
Este patrón se conecta con el contexto regional descrito por la Organización Mundial de la Salud (OMS): en 2022, más del 94% de las 350.000 muertes por cáncer cervicouterino ocurrieron en países de ingresos bajos y medianos. La OMS ha señalado que las desigualdades de acceso a vacunación, detección temprana y tratamiento, junto con determinantes sociales, sesgos de género, pobreza y condiciones como la alta prevalencia de VIH en ciertos entornos, profundizan el problema.

Tamizaje y seguimiento: baja cobertura y pérdidas clínicas
Más allá de la disponibilidad de herramientas, el desafío se concentra en el acceso efectivo y en la continuidad del proceso. En el país se reporta una cobertura de tamizaje heterogénea, con un alcance aproximado de 24% de las mujeres y menores porcentajes en áreas rurales. Además, el monitoreo de estrategias de tamizaje y el seguimiento de pacientes mostraría hasta 50% de pérdida en las fases de continuidad, un punto crítico porque un programa de detección es tan efectivo como su capacidad de confirmar diagnósticos y tratar oportunamente.
Un dato de riesgo operativo sintetiza el impacto: en zonas de baja cobertura, el riesgo de mortalidad se ha descrito como hasta tres veces mayor. En términos clínicos y de salud pública, esto refuerza que el cuello de botella no es solo “hacer la prueba”, sino garantizar una ruta completa (tamizaje–confirmación–tratamiento–seguimiento).
En la evaluación de metas, el informe “El legado de López Obrador” de la asociación civil Signos Vitales refiere que se planteó realizar citologías cervicales a 11.529 mujeres de 25 a 34 años en comunidades de menos de 2.500 habitantes, pero solo se alcanzó 39% de la meta.
La respuesta institucional: Papanicolaou, vacuna nonavalente y metas 90-70-90
En el componente de servicios, el IMSS reportó que en 2024 realizó alrededor de 3,7 millones de pruebas de Papanicolaou en mujeres de 25 a 64 años. La doctora Eugenia Victoria Ley Alfonso, Coordinadora de Programas Médicos en Detección de Enfermedades Crónicas y Cáncer, señaló que estas pruebas buscan impulsar detección oportuna y referencia a clínicas de colposcopía del segundo nivel. La misma fuente informó que el cáncer cervicouterino ocupa el segundo lugar en incidencia en México, con cerca de 13 casos por cada 100.000 mujeres, y una tasa de mortalidad de 9 por cada 100.000 mujeres (25 a 64 años).
En vacunación, la Secretaría de Salud reportó un avance de 42% en la campaña contra VPH, equivalente a 90.648 dosis aplicadas a niñas y niños de quinto grado y población de 11 años no escolarizada; y, adicionalmente, señaló que de 2024 a la fecha se han aplicado 2.229.617 dosis en el país (incluyendo esquemas previos y continuidad).
El secretario David Kershenobich indicó que la meta anual es inmunizar a 2,5 millones de infancias con la vacuna nonavalente, considerada de mayor amplitud frente a variantes de alto riesgo. La estrategia incluye también a personas de 11 a 49 años que viven con VIH y a adolescentes en protocolos de atención por violencia sexual, con un enfoque de ampliación poblacional y equidad.
En paralelo, se recuerda el marco global: la OMS adoptó en 2020 la Estrategia Mundial para eliminar el cáncer cervicouterino como problema de salud pública, con objetivos 90-70-90 hacia 2030 (90% vacunación, 70% tamizaje de alto rendimiento y 90% tratamiento). La OPS, en su mensaje regional por el Día Mundial contra el Cáncer, advirtió que, si las tendencias actuales se mantienen, las muertes por cáncer cervicouterino en las Américas podrían superar 46.200 para 2030, a pesar de avances en vacunación, por brechas persistentes en tamizaje y tratamiento (incluida la disponibilidad de radioterapia reportada por países).
Innovación mexicana; biomarcadores, patentes y desempeño reportado
Preventix es una prueba de tamizaje basada en análisis de sangre desarrollada por el laboratorio Timser fundado en 2010 por Terry Smith y su equipo como alternativa menos invasiva frente a la citología cervical tradicional. La innovación se centra en el uso de biomarcadores en sangre. Preventix emplea técnicas analíticas de detección de proteínas para identificar la presencia de cambios reactivos en el cérvix, que pueden abarcar desde lesiones cervicales hasta cáncer de cuello uterino.
Preventix obtuvo patente en 2021 y se plantea como una prueba de primer contacto para mujeres que ya iniciaron vida sexual, con un propósito explícito: no diagnosticar cáncer, sino alertar sobre riesgo o señales compatibles con cambios que ameritan valoración médica. En caso de un resultado positivo, el paso esperado es la consulta con un especialista para decidir estudios complementarios y definir un plan de atención personalizado. Tras jornadas de salud en instituciones académicas y de salud, Timser firmó un convenio de colaboración con ONU Mujeres para promover esta tecnología en América Latina.
El laboratorio mexicano informó la concesión de patentes en Estados Unidos en el 2023 y Japón en julio de 2025 para su prueba. Este tipo de innovación se presenta como un potencial complemento a las estrategias de detección, particularmente si logra integrarse con criterios de acceso, costo y escalabilidad.
