El miedo y acceso a la salud se ha convertido en una alerta clínica y operativa en Minnesota, según una carta publicada en The New England Journal of Medicine por un grupo de médicos que reporta citas incumplidas, caída del volumen en urgencias y llegada tardía de cuadros más graves, en un contexto que atribuyen al aumento de la presencia de Immigration and Customs Enforcement (ICE) es decir al Servicio de Control de Inmigración y Aduanas. Los firmantes afirman que el daño “no es teórico”, sino medible, y piden a la comunidad médica usar su voz para proteger a pacientes y comunidades.
Un pronunciamiento desde la ética clínica y el deber de “no hacer daño”
La carta, titulada “We Do Care”, está firmada por Bernard E. Trappey, M.D., en representación de Minnesota Physician Voices, y se presenta como un testimonio profesional: los autores recuerdan el juramento médico y el principio “primum non nocere” (primero no hacer daño) como base para hablar públicamente sobre lo que dicen estar observando en su práctica diaria.
Los médicos describen que atienden “de nacimiento a muerte” en una red amplia de entornos: grandes sistemas de salud, consulta privada, centros académicos, el sistema de salud para veteranos, centros de salud calificados a nivel federal e Indian Health Service. Esa diversidad de escenarios sostienen, les permite identificar patrones repetidos de interrupción del cuidado en distintos territorios y perfiles de pacientes.
Miedo y acceso a la salud
El núcleo del reporte es asistencial. Los médicos aseguran que, a medida que aumenta la presencia de ICE, las agendas clínicas se llenan de inasistencias y los volúmenes de pacientes se desploman en los departamentos de urgencias. En su lectura, cada paciente ausente representa una oportunidad perdida: intervenir, diagnosticar, iniciar o ajustar tratamientos, o evitar el deterioro de enfermedades crónicas.
El texto enfatiza un matiz relevante para gestores y clínicos: no describen a los ausentes como personas indiferentes a su salud. Por el contrario, afirman que son pacientes aterrorizados. Cuando el equipo de salud llama para verificar, los pacientes refieren miedo a salir de casa, conducir, usar transporte público o incluso caminar desde un estacionamiento hasta la clínica un lugar “destinado a curar” por el riesgo percibido para ellos y sus familias.
Además, los autores sostienen que el fenómeno no se restringe a personas sin documentación: incluye inmigrantes y refugiados con estatus legal y también ciudadanos estadounidenses, lo que amplía la implicación sanitaria hacia comunidades completas y redes familiares mixtas.
Salud en estado de emergencia una consecuencia del Servicio de Control de Inmigración
Para los firmantes, el impacto clínico de la evitación es directo, el miedo no solo aleja de clínicas y urgencias, sino que “empuja” a pacientes hacia escenarios de crisis. Reportan que, cuando los síntomas de alerta se ignoran esperando que se pasen, los pacientes llegan después con enfermedad avanzada.
En esa secuencia, describen ejemplos de desenlaces asociados a la demora: apéndices que se rompen, infecciones leves que evolucionan a sepsis potencialmente mortal, y pacientes que terminan en UCI con ventilación mecánica por no acceder a medicamentos necesarios. También advierten que, en algunos casos, la espera se vuelve la última.
Desde una perspectiva de sistema, la carta sugiere un desplazamiento del punto de intervención: lo que pudo resolverse con atención oportuna termina en hospitalización compleja. Ese patrón, aunque descrito como observación clínica, plantea implicaciones para suficiencia de red, carga hospitalaria y riesgo evitable.
Interrupciones de cuidado en rutas especialmente sensibles
La carta dedica un segmento específico a poblaciones donde la continuidad es crítica. En embarazo, los médicos describen haber presenciado el arrastre de una mujer embarazada por agentes federales y señalan que esto ayuda a explicar por qué algunas pacientes prefieren quedarse en casa en vez de buscar control prenatal. Reportan que algunas mujeres llegan al hospital con muy poca atención previa por temor a ser tomadas por ICE, y que ellas y sus bebés “no están bien”, con casos descritos como críticamente enfermos.
En niñez, afirman que el fenómeno también se traduce en vacunas perdidas y seguimientos omitidos para convulsiones, diabetes, retrasos del desarrollo y condiciones complejas. Incluso describen un escenario extremo en UCI neonatal: bebés críticamente enfermos cuyos padres no acuden a consolarlos por miedo a ir al hospital. Añaden que los niños han estado expuestos a gas lacrimógeno y violencia, y reportan aumento de inseguridad alimentaria con niños “pasando hambre”.
Pacientes y personal sanitario bajo presión
Los autores sostienen que el efecto no es solo biomédico. Señalan un impacto en salud mental asociado al contexto de inestabilidad política y al señalamiento injusto de comunidades inmigrantes, con aumento de miedo, duelo y división. Reportan pacientes con síntomas de trastorno de estrés postraumático e intentos de suicidio, además de familias fracturadas por detenciones y comunidades afectadas por incertidumbre y pérdida.
También expresan que los propios médicos no están al margen: describen miedo, desesperación y aislamiento. Dicen estar devastados por el asesinato de una colega enfermera y relatan temor a salir a trabajar pensando que el color de piel pueda pesar más que su rol clínico y credenciales.
Respuesta operativa
Como medidas de mitigación, se describen acciones para sostener continuidad: llamadas para manejar problemas desde lejos, aunque muchas veces no reciben respuesta; también mencionan visitas domiciliarias discretas, organización de líneas de emergencia y entrega de medicamentos, comida y pañales a personas que no pueden salir de casa de forma segura. Cuando los pacientes logran acudir, intentan que salgan con suficiente medicación para sobrevivir la crisis.
El cierre es explícito: “But we do care” (Pero a nosotros nos importa). Se definen como médicos que cuidan a la población de Minnesota sin importar opiniones, estatus migratorio, religión o posturas políticas; afirman que los pacientes están siendo dañados y que hay personas muriendo innecesariamente. En consecuencia, piden un fin inmediato de la violencia y el trauma que, según sostienen, está siendo infligido por ICE, e instan al resto del gremio a usar el poder de su voz para proteger a pacientes y a sí mismos.
