La OPS y CEPI dieron un nuevo paso en su agenda de cooperación regional al formalizar acuerdos que buscan reforzar dos frentes estratégicos para la preparación ante emergencias sanitarias: la capacidad regulatoria de los países y la vigilancia de la seguridad de las vacunas. La decisión se enmarca en una visión compartida sobre la necesidad de contar con mecanismos más ágiles, coordinados y confiables para responder a amenazas epidémicas en América Latina y el Caribe.
El alcance de esta alianza trasciende el componente financiero. Aunque CEPI comprometió recursos específicos para apoyar estas acciones, el valor central de los acuerdos radica en su orientación técnica y regional. La meta es promover procesos regulatorios más rápidos, fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia y consolidar marcos de farmacovigilancia que respalden tanto la seguridad de las vacunas como la confianza pública en su uso, especialmente en contextos de alta presión sanitaria.
Rutas regulatorias más ágiles para emergencias sanitarias
Uno de los ejes del acuerdo está concentrado en el fortalecimiento de los sistemas regulatorios. En términos prácticos, esto implica facilitar que los países puedan acelerar la evaluación y aprobación de vacunas durante emergencias de salud pública, sin debilitar los estándares de seguridad ni el seguimiento posterior a su uso.
La estrategia contempla la promoción de medidas regulatorias orientadas a avanzar en la convergencia normativa y en el uso de mecanismos de reliance, una herramienta que permite aprovechar decisiones o evaluaciones previas de otras autoridades regulatorias para reducir tiempos y mejorar la coordinación. Esta aproximación apunta a evitar duplicidades, disminuir barreras técnicas y favorecer respuestas más oportunas cuando el contexto epidemiológico exige velocidad.
Además, la alianza prevé iniciativas de capacitación y una ampliación de la colaboración entre autoridades regulatorias nacionales. Este punto resulta especialmente relevante en una región caracterizada por capacidades heterogéneas entre países. La cooperación técnica puede contribuir a cerrar brechas institucionales y a consolidar respuestas más homogéneas frente a riesgos sanitarios comunes. En ese sentido, la convergencia regulatoria se presenta no solo como una meta técnica, sino como una condición operativa para actuar con mayor cohesión regional.
La farmacovigilancia se consolida como un componente clave para la seguridad de las vacunas
El segundo gran componente de los acuerdos se orienta al fortalecimiento de los programas y estrategias de farmacovigilancia. Aquí el foco no está en la aprobación inicial de las vacunas, sino en la capacidad de los sistemas de salud para monitorear su seguridad de manera continua una vez son desplegadas.
Los acuerdos plantean mejoras en la detección de señales, en las evaluaciones beneficio-riesgo y en el diseño de políticas basadas en evidencia. Estas tres dimensiones son fundamentales para sostener campañas de vacunación seguras y técnicamente robustas, en particular durante emergencias, cuando la presión por disponer rápidamente de nuevas herramientas puede incrementar la necesidad de vigilancia intensiva.
Más allá del plano técnico, el fortalecimiento de la farmacovigilancia también tiene implicaciones en la gobernanza sanitaria. Contar con mejores capacidades para identificar, evaluar y comunicar riesgos permite tomar decisiones más transparentes y oportunas, y al mismo tiempo contribuye a fortalecer la confianza pública. En el contexto actual, marcado por una sensibilidad creciente frente a la seguridad de los biológicos, este aspecto adquiere una relevancia estratégica para la implementación fluida de vacunas en escenarios de crisis.
La cooperación incluye financiamiento escalonado y una hoja de ruta de mediano plazo
CEPI anunció que proporcionará hasta US$1 millón durante 12 meses para apoyar el fortalecimiento de las capacidades regulatorias, y hasta US$3 millones durante 24 meses para mejorar los programas y estrategias de farmacovigilancia. La estructura del financiamiento refleja una diferenciación clara entre ambas líneas de trabajo y sugiere una prioridad especial en el desarrollo de capacidades de monitoreo y seguridad de las vacunas.
Estos nuevos compromisos no surgen de manera aislada. Se apoyan en un Memorándum de Entendimiento de cinco años, firmado en 2024, que sirve como marco general para una colaboración más amplia entre ambas organizaciones. La continuidad institucional de esta relación muestra que la cooperación ya no se limita a respuestas puntuales, sino que empieza a configurarse como una agenda regional de preparación para emergencias y desarrollo de nuevas vacunas.
A ello se suma un antecedente inmediato: en noviembre de 2025, CEPI y la OPS suscribieron un acuerdo por US$458.000 para apoyar el desarrollo de plataformas de inteligencia clínica basadas en inteligencia artificial y el fortalecimiento de la capacidad para ensayos clínicos. Ese antecedente ayuda a entender que la alianza está evolucionando hacia un modelo más integral, donde regulación, farmacovigilancia, inteligencia clínica e investigación forman parte de una misma arquitectura de preparación regional.
OPS y CEPI alinean esta alianza con la preparación pandémica y el desarrollo acelerado de vacunas
El sentido estratégico de esta cooperación fue subrayado por los máximos directivos de ambas entidades. El Dr. Richard Hatchett, director ejecutivo de CEPI, afirmó que “contar con sistemas regulatorios y de farmacovigilancia sólidos es esencial para permitir un acceso rápido y equitativo a las vacunas durante emergencias”. Añadió que, mediante la alianza con la OPS, CEPI está apoyando a los países de las Américas para fortalecer capacidades críticas que permitan desarrollar, evaluar, distribuir y gestionar vacunas “de manera segura y oportuna cuando más se necesitan”.
Por su parte, el Dr. Jarbas Barbosa, director de la OPS, señaló que la pandemia de COVID-19 dejó en evidencia que la seguridad sanitaria regional depende de marcos regulatorios sólidos y de la producción oportuna de tecnologías sanitarias a nivel local. Desde esa perspectiva, sostuvo que esta alianza respaldará el trabajo de la organización para que los países estén mejor preparados para actuar de forma rápida, colectiva y equitativa frente a emergencias de salud.
La cooperación también se articula con dos marcos estratégicos de mayor alcance. Por un lado, apoya la implementación del Plan Estratégico 2026-2031 de la OPS. Por otro, está alineada con la Misión de los 100 Días de CEPI, cuyo objetivo es acelerar el desarrollo de vacunas seguras y eficaces frente a una amenaza pandémica en un plazo de 100 días. Este doble alineamiento muestra que la alianza no se limita a mejorar procedimientos, sino que busca insertar a la región en una lógica más ambiciosa de preparación, respuesta rápida y fortalecimiento institucional.
En ese mismo horizonte se ubica la participación conjunta en la red Global South Leaders in Epidemic Analytics and Response (GS LEARN), una iniciativa multirregional de CEPI que busca fortalecer el liderazgo en análisis de epidemias y pandemias en instituciones del Sur Global. La vinculación de la OPS a este espacio amplía la dimensión del acuerdo y refuerza la idea de una cooperación orientada a decisiones localmente lideradas, basadas en evidencia y mejor conectadas con las necesidades reales de la región.



