El Instituto Nacional de Pediatría – INP, incorporó las terapias asistidas con perros como una intervención complementaria dentro de su estrategia de atención integral a pacientes pediátricos. El programa busca mejorar la experiencia hospitalaria de niñas, niños y adolescentes, favorecer su bienestar emocional y contribuir a que los procesos médicos se desarrollen en un entorno más humano, menos intimidante y emocionalmente más favorable.
La iniciativa inició formalmente en abril de 2025, luego de un periodo previo de adaptación y socialización de los canes dentro del entorno hospitalario. Desde entonces y hasta la fecha, alrededor de 2.763 pacientes pediátricos se han beneficiado del programa, de acuerdo con la información entregada por Adriana Barrientos Deloya, encargada de esta estrategia en el INP.
El programa se desarrolla en colaboración con el Centro de Actividades y Terapias Asistidas con Caninos – CENATAC, organización especializada en intervenciones con perros entrenados para contextos institucionales y de salud. Su participación permite que los animales sean seleccionados, preparados y acompañados bajo condiciones controladas, con el objetivo de garantizar interacciones seguras, confiables y adecuadas para pacientes pediátricos.
Barrientos Deloya explicó que el INP ha buscado mantenerse a la vanguardia en el manejo y la atención de sus pacientes, incorporando herramientas que complementen el abordaje clínico tradicional. “Como Instituto Nacional de Pediatría somos pioneros en muchas cosas y tratamos de estar a la vanguardia en el manejo y la atención que brindamos a nuestros pacientes. Este tipo de terapias complementan esa atención y hacen mucho más humano al instituto para mejorar la calidad de vida de las y los niños”, indicó.
Una intervención que no sustituye el tratamiento médico, pero mejora la experiencia hospitalaria
Uno de los elementos centrales del programa es su carácter complementario. Las terapias asistidas con perros no reemplazan los tratamientos médicos, de enfermería o rehabilitación, sino que se integran como una herramienta de apoyo emocional y terapéutico para facilitar algunos procedimientos hospitalarios y mejorar la disposición de los pacientes frente a su proceso de atención.
Según Barrientos Deloya, la presencia de los perros contribuye a disminuir el estrés y la angustia que pueden experimentar los niños dentro del hospital. La interacción con los canes introduce un estímulo positivo en un ambiente que suele estar asociado con procedimientos, incertidumbre, dolor o miedo. Esta respuesta emocional puede facilitar la realización de actividades clínicas y hacer que la estancia hospitalaria sea menos compleja para el paciente y su familia.
“En los pacientes disminuye su estrés y angustia al ver algo que les agrada y que no es habitual en un entorno hospitalario, permitiendo que los procedimientos sean más fáciles de realizar y que la experiencia de hospitalización sea menos complicada”, señaló la encargada del programa.
La estrategia también ha mostrado efectos favorables en aspectos como el estado de ánimo, el manejo de la ansiedad y la rehabilitación infantil. De acuerdo con la información del INP, la presencia de los perros ha motivado a algunos pacientes a comer, caminar y participar en actividades terapéuticas, lo que refuerza el papel de estas intervenciones como apoyo para mejorar la adherencia y la disposición frente al tratamiento.
En el ámbito de la rehabilitación y la estimulación temprana, los canes participan en actividades como talleres de gateo, donde funcionan como estímulo emocional y motivador. En estos espacios, el contacto con los perros permite que los niños se involucren de manera más dinámica y amigable en ejercicios orientados al desarrollo de habilidades motoras.
“El hecho de que un niño sonría, quiera comer, caminar o pierda el miedo a su estancia hospitalaria gracias a la presencia de los perros impacta directamente en su bienestar integral y favorece incluso la adherencia a los tratamientos”, recalcó Barrientos Deloya.
“Jueves de Perritos”: una jornada esperada por pacientes y personal de salud
Dentro del programa, el llamado “Jueves de Perritos” se ha consolidado como una jornada esperada por pacientes, familiares y equipos asistenciales. Durante este espacio, alrededor de cinco perros ingresan a las instalaciones del Instituto Nacional de Pediatría y permanecen en el hospital entre las 9:00 y las 13:00 horas, desarrollando actividades previamente organizadas y supervisadas.
La dinámica no solo beneficia a los pacientes pediátricos. De acuerdo con Barrientos Deloya, el personal de salud también puede experimentar efectos positivos derivados de la interacción con los canes. En entornos hospitalarios, donde las jornadas suelen estar asociadas a alta demanda asistencial, carga emocional y presión operativa, estas actividades pueden funcionar como un apoyo para reducir el estrés laboral.
“Los perros también ayudan al personal de salud. Desde vigilantes y personal de limpieza hasta médicos y residentes pueden beneficiarse de estas intervenciones, ya que ayudan a disminuir el estrés relacionado con las jornadas hospitalarias”, comentó.
Este componente amplía el alcance del programa más allá de la relación paciente-terapia, al integrarlo dentro de una visión de bienestar institucional. La humanización de la atención no se limita a mejorar la experiencia del paciente, sino que también reconoce la importancia del clima emocional en los equipos que participan en la prestación de los servicios de salud.
Protocolos de seguridad, higiene y control sanitario en el entorno hospitalario
Uno de los aspectos más sensibles en la implementación de terapias asistidas con animales dentro de instituciones de salud corresponde al control sanitario. Frente a este punto, Vanessa Carolina Pallares Trujillo, directora del CENATAC, explicó que el programa opera bajo estrictos protocolos de higiene y seguridad.
Estas medidas incluyen vacunación, desparasitación periódica, sanitización de los perros antes de ingresar a las áreas hospitalarias y prácticas de higiene para pacientes, familiares y personal médico antes y después de cada interacción. El objetivo es reducir riesgos y garantizar que la participación de los canes se realice bajo condiciones adecuadas para un entorno pediátrico.
Pallares Trujillo señaló que, pese a la preocupación inicial sobre posibles riesgos sanitarios, los hospitales participantes, incluido el INP, no han reportado incrementos en infecciones relacionadas con la presencia de los perros. Esta información resulta relevante para valorar la viabilidad de este tipo de programas cuando se desarrollan con protocolos claros, supervisión especializada y condiciones de control apropiadas.
La directora del CENATAC también indicó que los perros son cuidadosamente seleccionados y entrenados desde temprana edad para adaptarse a entornos hospitalarios. Este proceso incluye la exposición progresiva a sonidos, olores, equipos médicos y dinámicas propias de las instituciones de salud, con el fin de garantizar interacciones seguras, estables y adecuadas para niñas, niños y adolescentes.
En conjunto, el programa del INP muestra cómo las terapias asistidas con perros pueden integrarse a la atención pediátrica como una estrategia complementaria de bienestar emocional, rehabilitación y humanización del cuidado. Su implementación, basada en colaboración institucional, entrenamiento especializado y protocolos sanitarios, busca mejorar la experiencia hospitalaria sin sustituir las intervenciones clínicas, sino fortaleciendo el entorno en el que estas se desarrollan.



