El informe regional de la OMS, publicado en noviembre de 2025, advierte que la expansión de nuevas tecnologías en la atención sanitaria (IA en salud) avanza sin salvaguardas básicas. Aun así, la adopción de inteligencia artificial no se ha detenido pese a la falta de claridad normativa: 32 países ya utilizan diagnósticos asistidos por IA, principalmente en imagen médica; la mitad ha incorporado chatbots para la interacción con pacientes; y 26 países han definido áreas prioritarias para desplegar estas herramientas.
En ese escenario, la OMS enfatiza un punto crítico: cuando la IA se equivoca o causa daños, no existen estándares de responsabilidad suficientemente extendidos que delimiten quién responde. El informe describe que el avance tecnológico no está siendo acompañado por la misma velocidad en regulación, gobernanza y capacidades, lo que eleva el riesgo de fallas con impacto directo en seguridad del paciente, privacidad y equidad.
El director regional de la OMS para Europa, Hans Kluge, advirtió sobre la ausencia de elementos considerados esenciales: estrategias claras, privacidad de datos, marcos legales e inversión en alfabetización en IA. En palabras del organismo, sin esos componentes “se corre el riesgo de profundizar las inequidades en lugar de reducirlas”. Kluge sintetizó el dilema en una idea central: la promesa de la IA solo se sostiene si las personas y los pacientes se mantienen en el centro de cada decisión.
Brechas entre países y barreras reportadas: incertidumbre legal, financiamiento y ausencia de estándares de responsabilidad
El informe se basa en encuestas realizadas en 50 de los 53 Estados miembros de la Región Europea de la OMS. El diagnóstico es el de una región en transición hacia modelos más digitales, pero marcada por desigualdades en infraestructura, conocimientos y recursos.
Aunque casi todos los países reconocen el potencial transformador de las tecnologías digitales en la atención sanitaria, la OMS reporta que solo cuatro países cuentan con una estrategia nacional específica de IA para la salud, mientras otros siete están en proceso de desarrollarla. En paralelo, el documento señala que la regulación no avanza al mismo ritmo que la tecnología: casi nueve de cada diez países identifican la incertidumbre legal como el mayor obstáculo para adoptar IA, y ocho de cada diez mencionan limitaciones financieras.
Un dato adicional refuerza el foco del informe en la rendición de cuentas: menos del 10% dispone de estándares de responsabilidad que definan quién responde ante un error o daño causado por un sistema de IA. Para la OMS, este vacío abre un terreno de riesgo en el que la expansión tecnológica puede superar la capacidad de los sistemas para prevenir, detectar y corregir efectos adversos.
Plan de Acción de Salud Digital 2023–2030: tecnología segura, equitativa y centrada en las personas
La OMS enmarca el análisis en el Plan de Acción de Salud Digital para la Región Europea 2023–2030, presentado como el marco para que los países adopten tecnologías digitales de forma segura, equitativa y centrada en las personas. El Plan insiste en principios de equidad, solidaridad y derechos humanos, y plantea una regla de lectura: ninguna innovación que ensanche brechas existentes en lugar de cerrarlas puede considerarse un avance real.
En esa lógica, la OMS subraya la necesidad de garantizar transferencia de conocimientos y tecnologías entre países con distintos grados de digitalización. De no ocurrir, advierte el organismo, se acentuarán inequidades ya presentes entre sistemas sanitarios europeos. El Plan también exige una gobernanza sólida, liderazgo técnico y político, y fortalecimiento de capacidades nacionales: mejorar alfabetización digital, operar infraestructuras de manera coordinada, garantizar calidad de datos y preparar a los profesionales de la salud para trabajar con nuevas herramientas.
Sin definición universal y con múltiples usos: el reto de delimitar qué se regula en la IA en salud
La OMS destaca otro desafío estructural: la falta de una definición universalmente aceptada de IA. En un entorno con aplicaciones tan diversas diagnóstico, predicción, organización de recursos o comunicación con pacientes, el organismo centra la atención en capacidades esenciales: aprender, tomar decisiones, generar diagnósticos y operar con distintos niveles de autonomía.
El informe sostiene que esta ausencia de definición, sumada a la velocidad de adopción, dificulta la construcción de marcos regulatorios comparables y operables entre países, especialmente cuando los sistemas sanitarios ya presentan diferencias de base en infraestructura digital y gobernanza del dato.
Una década de expansión y el impulso de la pandemia: avances y contrastes
El documento explica que desde mediados de la década de 2010 la IA ha ganado terreno en áreas como apoyo a decisiones clínicas, análisis de imágenes diagnósticas, vigilancia epidemiológica y gestión de sistemas de salud. Ese proceso se aceleró durante la pandemia de COVID-19, cuando la tecnología mostró capacidad para analizar datos en tiempo real, predecir evolución de pacientes y optimizar asignación de recursos.
Como ejemplos, el informe cita a Italia y el Reino Unido, donde la IA apoyó el triaje de pacientes y la evaluación radiológica, contribuyendo a aliviar presión hospitalaria. Sin embargo, también expone el contraste entre países con sistemas digitales consolidados capaces de incorporar IA con rapidez y aquellos rezagados por fragmentación de datos, falta de personal especializado y ausencia de marcos regulatorios adecuados. Para la OMS, si no se toman medidas, las diferencias observadas durante la pandemia pueden convertirse en inequidades estructurales de largo plazo.
Tres preocupaciones centrales: seguridad del paciente, acceso equitativo y privacidad digital
El informe identifica tres preocupaciones principales en la aplicación de IA en sistemas sanitarios: seguridad del paciente, acceso equitativo y privacidad digital. La OMS advierte que la IA depende de datos; si estos son incompletos o sesgados, las decisiones también lo serán, con riesgo de diagnósticos fallidos, tratamientos incorrectos o inequidades en el acceso.
En respuesta, la organización llama a los países europeos a: desarrollar estrategias alineadas con objetivos de salud pública, fortalecer marcos legales y éticos, formar una fuerza laboral preparada para la IA, mejorar la gobernanza de datos y mantener comunicación transparente con la ciudadanía.
Kluge cerró el mensaje con una advertencia sobre el momento decisivo: “La IA está a punto de revolucionar la atención sanitaria, pero su promesa solo se cumplirá si las personas y los pacientes siguen en el centro de cada decisión”. En el mismo sentido, Natasha Azzopardi-Muscat, directora de Sistemas de Salud de la OMS en Europa, planteó que los sistemas europeos están en una encrucijada: la IA puede mejorar salud, reducir carga laboral y abaratar costos, o puede poner en riesgo la seguridad del paciente, comprometer la privacidad y profundizar desigualdades. “La elección es nuestra”, concluyó.



