El secretario de Salud, David Kershenobich, presentó el Código de Bioética para el Personal de Salud durante un acto realizado en la Academia Nacional de Medicina. El documento busca brindar certeza sobre las responsabilidades éticas de los profesionales de la salud y ofrecer una guía práctica para reforzar la dimensión humana del ejercicio sanitario.
De acuerdo con lo expuesto por el titular de Salud, este instrumento surge en un momento en el que los sistemas de salud han experimentado transformaciones relevantes debido al desarrollo de nuevas capacidades diagnósticas, terapéuticas y tecnológicas. Si bien estos avances han ampliado las posibilidades de atención médica, también han generado interrogantes éticos que requieren respuestas claras, actualizadas y aplicables en la labor diaria.
“El principal reto consiste en convertir la bioética en un compromiso operativo y cotidiano dentro del Sistema Nacional de Salud”, enfatizó Kershenobich. La afirmación resume el objetivo central del código: evitar que la bioética sea entendida únicamente como un marco conceptual o académico, y promover su incorporación real en la atención, la toma de decisiones y la relación entre el personal sanitario, los pacientes y las comunidades.
El código no sustituye la normatividad vigente ni impone nuevas obligaciones. Su propósito, según precisó el secretario de Salud, es acompañar y fortalecer la dimensión ética del ejercicio profesional en el sector salud. Esta precisión resulta relevante porque ubica el instrumento como una herramienta de orientación y mejora institucional, más que como un mecanismo sancionatorio.
De una ética preventiva a una ética aspiracional
El comisionado nacional de Bioética, Patricio Santillán Doherty, señaló que la Comisión impulsa una evolución en el enfoque ético del sector salud. Esta transición busca pasar de una visión centrada principalmente en la prevención hacia una ética aspiracional, orientada a promover el bien y fortalecer la toma de decisiones correctas en la práctica médica.
Este cambio de enfoque implica reconocer que la bioética no debe limitarse a evitar errores, conflictos o daños, sino que también puede orientar una cultura institucional más exigente en términos de calidad, seguridad y responsabilidad profesional. Desde esta perspectiva, el Código de Bioética plantea una ruta para promover el trabajo bien hecho, la excelencia en la atención y el compromiso con el bienestar social.
Santillán Doherty enfatizó que este nuevo enfoque tiene como propósito fomentar el cumplimiento de criterios de calidad y seguridad, así como consolidar una cultura institucional basada en la excelencia, el trabajo bien hecho y el compromiso con el bienestar social de todas y todos, sin distinción. En el ámbito sanitario, esta visión adquiere especial relevancia porque la calidad de la atención no depende únicamente de la capacidad técnica, sino también de la manera en que se acompaña, informa, escucha y respeta a cada persona.
La presentación del código también refuerza una premisa esencial: la atención a la salud debe centrarse en las personas. Esto significa reconocer que las y los pacientes no son únicamente usuarios de servicios o receptores de procedimientos médicos, sino personas con historia, valores, contextos, necesidades y derechos que deben ser considerados en cada decisión clínica.
Dignidad, autonomía y justicia como principios aplicados a la atención médica
El Código de Bioética incorpora principios reconocidos internacionalmente, entre ellos dignidad humana, autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia. Su principal aportación consiste en traducir estos principios en orientaciones prácticas para apoyar la toma de decisiones del personal sanitario en beneficio de pacientes y comunidades.
La dignidad humana aparece como un eje transversal de la atención. En la práctica médica, este principio exige que cada persona sea tratada con respeto, sin discriminación y con reconocimiento de su condición humana más allá de su diagnóstico, edad, condición social o situación clínica. La autonomía, por su parte, remite a la necesidad de considerar la capacidad de las personas para participar en decisiones relacionadas con su salud, siempre que las condiciones clínicas y normativas lo permitan.
La beneficencia y la no maleficencia orientan la obligación ética de procurar el bienestar del paciente y evitar daños innecesarios. Estos principios son centrales en escenarios clínicos donde las decisiones pueden implicar riesgos, incertidumbre, uso de tecnologías o intervenciones complejas. La justicia, finalmente, introduce la necesidad de actuar con equidad, responsabilidad y criterio ético en la prestación de servicios de salud.
El documento busca que estos principios no permanezcan como declaraciones generales, sino que se conviertan en referencias útiles para el personal sanitario. En un sistema de salud que enfrenta decisiones cada vez más complejas, el valor del código radica en ofrecer criterios que apoyen la deliberación ética sin desplazar la normatividad vigente ni la responsabilidad profesional.
Atención centrada en las personas y cultura bioética institucional
Durante la presentación, se subrayó que la calidad de la atención no depende únicamente de los procedimientos médicos. También está vinculada con la forma en que se brinda el servicio y con el respeto a la dignidad humana. Este punto resulta clave para los equipos clínicos, administrativos y directivos, porque ubica la experiencia del paciente como parte del desempeño ético e institucional.
La atención centrada en las personas exige reconocer que cada decisión en salud tiene implicaciones clínicas, humanas y sociales. Por ello, el Código de Bioética busca orientar al personal sanitario en situaciones cotidianas donde la comunicación, el trato, la información y la sensibilidad frente al contexto del paciente son tan importantes como la intervención técnica.
El secretario de Salud destacó que este instrumento impulsa una cultura bioética basada en la internalización de principios y no en la imposición de sanciones. Esta diferencia es sustancial: mientras un enfoque punitivo puede limitarse al cumplimiento formal, una cultura bioética busca generar cambios reales en la práctica institucional, en las relaciones de atención y en la toma de decisiones.
Para el Sistema Nacional de Salud, el código representa una herramienta de acompañamiento en un entorno donde la tecnología, la innovación médica y la complejidad asistencial exigen mayor claridad ética. Su alcance no está en reemplazar reglas existentes, sino en fortalecer la responsabilidad profesional, la calidad del servicio y el compromiso humano de quienes participan en la atención sanitaria.
En ese sentido, la presentación del Código de Bioética para el Personal de Salud marca un llamado institucional a integrar la bioética en el trabajo cotidiano, desde la consulta y los procedimientos clínicos hasta la gestión, la comunicación con pacientes y la cultura organizacional. El desafío será convertir sus principios en prácticas verificables, sostenidas y coherentes con una atención médica más humana, segura y centrada en las personas.
