El VPH y el cáncer de cuello uterino en México siguen concentrando atención sanitaria, epidemiológica y programática. Los virus del papiloma humano colonizan la piel y las mucosas orofaríngea y genital, y hasta la fecha se han establecido 227 genotipos. De ese universo, 14 son considerados de alto riesgo oncogénico por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, debido a que su infección persistente está asociada con neoplasias como el cáncer de cuello uterino, el cáncer de orofaringe y los cánceres anogenitales. El documento precisa que el cáncer de cuello uterino concentra alrededor del 80% de todos los cánceres asociados al VPH a nivel global.
La circulación de genotipos de alto riesgo muestra patrones específicos en México
La distribución geográfica de los genotipos de alto riesgo varía según la región. En el continente americano, los cinco genotipos más frecuentemente identificados en casos de cáncer de cuello uterino son 16, 18, 45, 31 y 33. En México, un estudio realizado entre 2016 y 2018 encontró que los genotipos 16, 31 y 51 fueron los más prevalentes en muestras cervicales de mujeres mayores de edad.
En mujeres sanas, la prevalencia es de aproximadamente 32% entre los 20 y 34 años; desciende a 16% en el grupo de 55 a 64 años y vuelve a incrementarse a 27% en mujeres mayores de 65 años. A ello se suma el comportamiento del tamizaje: en un estudio de 2023, la positividad del VPH de alto riesgo osciló entre 17.82% y 27.25%, con niveles más altos en Tlaxcala, Hidalgo, Quintana Roo, Puebla, Morelos y Oaxaca. En 2025, el tamizaje primario de la Secretaría de Salud reportó una positividad de entre 11.8% y 18.16%, con mayores valores en Hidalgo, Ciudad de México, Quintana Roo, Yucatán, Morelos y Tlaxcala.
Estos datos muestran que la circulación del virus no es homogénea y que persisten concentraciones territoriales que deben ser leídas como señales para orientar acciones de vigilancia y prevención.
La mortalidad por cáncer de cuello uterino sigue siendo alta en el país
La carga del cáncer de cuello uterino mantiene una dimensión relevante. A nivel global, en 2022 se reportaron 662,301 casos y 348,874 defunciones, con mayores tasas de incidencia y mortalidad en África, Latinoamérica y el sureste asiático. En el caso de México, durante 2024 se registraron 4,646 defunciones, de las cuales 93% ocurrió en mujeres mayores de 35 años. El texto señala además que esta enfermedad constituye la segunda causa de muerte por tumores malignos en mujeres de 20 a 59 años.
A esto se suma que, según el Sistema de Información de Cáncer de la Mujer, en 2023 la tasa nacional de mortalidad alcanzó 11.2 defunciones por cada 100,000 mujeres mayores de 25 años. Las entidades con las tasas más elevadas fueron Yucatán, Coahuila, Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua y Chiapas.
Para el 2025 se detectaron 4,645 casos nuevos de tumor maligno del cuello del útero en México, equivalente a un promedio de 89.33 casos por semana. Para las primeras ocho semanas de 2026, la Secretaría de Salud federal registró 614 casos nuevos, con un promedio de 76.75 por semana, cifra 14% menor a la media semanal del año previo. Chihuahua encabezó el número de casos en ese arranque de 2026, seguido por Veracruz y Jalisco.
La vacunación y el tamizaje siguen siendo los ejes centrales de la prevención
La prevención primaria está definida en la NOM-014-SSA2-1997 y se sustenta en dos pilares: vacunación contra genotipos de alto riesgo y detección oportuna mediante tamizaje. La vacuna contra el VPH se incorporó al esquema nacional en 2012 para niñas de quinto grado de primaria y de 11 años no escolarizadas. En 2024, la cobertura en la población blanco alcanzó 82%, y en 2025 el programa adoptó un enfoque de género neutral para incluir a niñas y niños.
El esquema actual consiste en una sola dosis de una vacuna elaborada con tecnología de ADN recombinante, formulada con proteínas L1 de siete genotipos de alto riesgo (16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58) y dos de bajo riesgo 6 y 11. También contempla a niñas y adolescentes de 9 a 19 años víctimas de violencia sexual y a personas de entre 11 y 49 años que viven con VIH; en este último grupo se administran tres dosis.
En cuanto al tamizaje, el algoritmo depende de la edad. Para mujeres de 25 a 34 años se recomienda citología convencional, mientras que para el grupo de 35 a 64 años se utiliza detección molecular de VPH mediante qPCR con citología en base líquida refleja. Durante 2024 se realizaron más de 700,000 pruebas de detección de VPH en las 32 entidades del país en la población atendida por la Secretaría de Salud.
La estrategia de eliminación exige acelerar la respuesta institucional
La infección por VPH de alto riesgo y el desarrollo de cáncer pueden transcurrir entre 10 y 20 años, una ventana amplia para identificar y tratar lesiones precursoras de forma oportuna. En esa lógica, la OMS lanzó en 2020 una iniciativa para acelerar la eliminación del cáncer de cuello uterino como problema de salud pública, con una meta de reducción hasta 4 por cada 100,000 mujeres en 2030. La estrategia se apoya en tres metas: 90% de cobertura de vacunación en niñas menores de 14 años, 70% de cobertura de tamizaje en mujeres mayores de 35 años con pruebas de alta precisión y tratamiento en 90% de las pacientes con lesiones precursoras o cáncer.
Dentro de la respuesta nacional, el InDRE aparece como un actor clave para garantizar la confiabilidad del tamizaje en la Red Nacional de Laboratorios de Salud Pública. Desde 2015 fortaleció el control de calidad externo en la red de citología; en 2016 amplió ese control a las pruebas de VPH; y a principios de 2025 recibió el reconocimiento como Centro Nacional de Referencia de VPH para México. Para 2026 está programada la supervisión del diagnóstico de cáncer de cuello uterino en todos los laboratorios de la red.
