PUBLICADO: enero 26, 2026 | 11:28 am

México, bajo presión por la incertidumbre comercial: OIT proyecta desaceleración y efectos en empleo

Compartir noticia:

De acuerdo con la OIT, una parte significativa del empleo asociado al comercio depende de relaciones intrarregionales, lo que amplifica el impacto de nuevas barreras y mantiene bajo presión a un mercado laboral marcado por informalidad elevada.
México, bajo presión por la incertidumbre comercial: OIT proyecta desaceleración y efectos en empleo

Escucha esta noticia:

Cargando audio...

Según el informe Employment and Social Trends 2026 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el mercado laboral de México enfrenta en 2026 un escenario definido por tensiones externas persistentes y retos estructurales internos. El documento ubica al país en una posición particularmente sensible a la incertidumbre comercial, especialmente por su estrecha vinculación con Estados Unidos, y, al mismo tiempo, lo señala entre las economías donde la informalidad permanece “particularmente elevada”. Aunque el reporte no presenta una ficha completa con todos los indicadores nacionales de México, sí ofrece resultados y hallazgos específicos que permiten leer con nitidez los factores de riesgo y los canales de transmisión hacia el empleo, la calidad laboral y el ingreso.

En su enfoque, la OIT plantea que el mundo del trabajo sostiene cierta “resiliencia” en métricas agregadas, pero esa aparente estabilidad convive con déficits de trabajo decente que no se corrigen al mismo ritmo. Para México, el análisis se organiza alrededor de una idea central: la integración productiva regional puede ser un motor de empleo de mayor productividad, pero también un amplificador de choques cuando crecen las barreras al comercio y la incertidumbre de política. En ese contexto, la informalidad opera como un rasgo estructural que condiciona la capacidad del mercado laboral para absorber impactos sin deterioro en protección social, estabilidad contractual y salarios reales.

Crecimiento proyectado moderado y exposición a un entorno comercial más restrictivo

Uno de los elementos más directos del informe para México es su lectura macroeconómica de corto plazo. La OIT incorpora una proyección de crecimiento para 2025 de 1,0% para México, inferior al 1,4% estimado para 2024. Esa desaceleración aparece asociada a un entorno regional en el que las barreras comerciales y la incertidumbre vinculada a la política comercial se consolidan como factores capaces de debilitar las perspectivas económicas, con mención explícita de que el impacto podría sentirse “particularmente” en México y otros países de Centroamérica.

Este señalamiento no es un detalle menor. En la lógica del reporte, un crecimiento más bajo no solo reduce el ritmo de creación de empleo; también puede alterar la calidad del empleo que se crea o se sostiene. Cuando el ciclo pierde dinamismo y las empresas operan bajo mayor incertidumbre, la contratación formal suele volverse más cautelosa, y parte del ajuste puede trasladarse a esquemas de mayor flexibilidad, subcontratación o incremento del autoempleo y ocupaciones sin cobertura. En economías con un componente informal persistente, la desaceleración puede reforzar el desplazamiento hacia empleos precarios, aun cuando los indicadores agregados no muestren un deterioro abrupto.

El informe encuadra esta situación dentro de una tendencia global: la incertidumbre comercial ya no aparece como un episodio transitorio, sino como un componente recurrente del escenario económico. En ese marco, la inversión y las decisiones de expansión de capacidad productiva tienden a alinearse con estrategias de mitigación de riesgo, diversificación de proveedores, reconfiguración de cadenas de suministro o ajustes de inventarios, que terminan afectando la demanda de trabajo. Para México, por su inserción regional, el riesgo se intensifica en actividades vinculadas a exportación, manufactura integrada y servicios logísticos asociados al comercio.

Al mismo tiempo, la OIT advierte que la desaceleración del comercio y el estancamiento de la profundización de cadenas globales de valor limitan la posibilidad de que el crecimiento, por sí solo, impulse transiciones laborales hacia sectores de mayor productividad. En otras palabras, aun con crecimiento positivo, la economía puede no estar generando suficientes “puentes” hacia empleo formal y protegido, y esa limitación se vuelve más visible cuando el entorno externo se endurece o se vuelve impredecible.

¿Qué muestra la OIT sobre el mercado laboral de México ante la incertidumbre comercial?

El informe no entrega una tasa nacional de desempleo para México en su cuerpo principal, pero sí traza el mapa de riesgos y mecanismos por los cuales la incertidumbre comercial puede deteriorar el desempeño laboral. La OIT identifica la incertidumbre comercial y de política como uno de los principales riesgos capaces de afectar la dinámica del empleo, y enfatiza que el impacto puede medirse no solo en “cuántos” empleos se crean, sino en variables de calidad como informalidad, pobreza laboral y salarios reales.

En ese punto, México aparece descrito como un caso donde el canal de transmisión es particularmente fuerte: su integración en el espacio económico Canadá–México–Estados Unidos. El informe estima que, en 2022, el bloque registró 47,1% del empleo relacionado con el comercio dependiente de relaciones intrarregionales (es decir, empleo asociado a flujos comerciales y encadenamientos dentro del propio bloque). Este resultado importa para México por una razón estructural: cuando una porción relevante del empleo asociado al comercio depende del mercado regional inmediato, cualquier fricción, barreras, reglas cambiantes, costos de cumplimiento o ajustes en demanda, se propaga con rapidez hacia inversión, producción y empleo.

La OIT introduce además un matiz clave: en el bloque Canadá–México–Estados Unidos, esa dependencia intrarregional del empleo relacionado con el comercio ha mostrado “grandes subidas y bajadas” entre 1995 y 2022. Para México, esto sugiere volatilidad: la integración puede acelerar el empleo asociado a cadenas regionales en determinados periodos, pero también puede reconfigurarse con rapidez ante cambios de política, shocks de demanda o reordenamientos de proveedores. La volatilidad no significa retroceso inevitable, pero sí un mayor nivel de exposición a decisiones externas.

El informe complementa esta lectura con un argumento de calidad: los empleos vinculados al comercio suelen estar asociados a mayor productividad, más formalización y mejores salarios. Sin embargo, la OIT advierte que esos beneficios no necesariamente se comparten ampliamente en toda la economía. Para México, la implicación es que puede coexistir un segmento laboral integrado, más productivo y formal, con una base amplia de ocupaciones informales que absorben mano de obra cuando se modera el ciclo económico o cuando el ajuste sectorial desplaza trabajadores hacia actividades de menor productividad.

En este marco, la incertidumbre comercial no se traduce únicamente en una amenaza de menor creación de empleo, sino en el riesgo de una recomposición del empleo hacia formas menos protegidas. La advertencia de la OIT sobre impactos en salarios reales y pobreza laboral refuerza la idea de que el ajuste puede ocurrir por ingresos y calidad, incluso si el nivel de ocupación agregado no colapsa.

Informalidad “particularmente elevada” como rasgo estructural del caso mexicano

El documento incluye una referencia explícita que ubica a México entre los países donde la incidencia del empleo informal permanece “particularmente elevada”, junto con Ecuador, Paraguay y Perú. Aunque el reporte no adjunta en esa frase una cifra nacional para México, la selección del país en ese grupo funciona como un mensaje contundente: México no solo comparte la informalidad regional, sino que aparece como uno de los focos donde el fenómeno persiste con especial intensidad.

Esta caracterización es coherente con el encuadre regional del informe: para América Latina y el Caribe, la OIT sostiene que la informalidad sigue siendo un rasgo “pervasivo”, con presencia predominante de categorías como trabajadores por cuenta propia y familiares no remunerados, que suelen concentrar vulnerabilidad y menores niveles de protección. En el caso de México, esa persistencia implica limitaciones para ampliar cobertura de seguridad social y para consolidar trayectorias laborales estables, especialmente cuando el ciclo económico se desacelera.

El efecto de la informalidad es transversal. Desde la perspectiva de gestión pública y economía laboral, la informalidad reduce la base contributiva, dificulta el financiamiento sostenible de sistemas de protección y limita el alcance efectivo de la regulación. Desde la óptica de productividad, tiende a concentrarse en unidades económicas de baja escala y bajo acceso a financiamiento y tecnología, lo que reduce la capacidad de mejorar salarios de manera sostenida. Y desde el punto de vista social, eleva la vulnerabilidad ante shocks externos: cuando la economía enfrenta mayor incertidumbre, los hogares con empleo informal tienen menos amortiguadores para sostener ingreso y consumo.

Por eso, en la lectura del informe, el peso de la informalidad en México es más que una estadística: es un condicionante que amplifica los efectos de la incertidumbre comercial. Si los sectores integrados al comercio ajustan por volatilidad o por menor demanda, el desplazamiento laboral puede presionar aún más al segmento informal, elevando competencia en ocupaciones de baja productividad y tensionando ingresos.

Además, el reporte insiste en una idea central: no todo empleo creado equivale a trabajo decente. Es posible que las economías muestren mejoras en empleo total o estabilidad en desempleo, y aun así acumulen déficits en calidad laboral. En México, el señalamiento de informalidad particularmente elevada ubica al país exactamente en ese riesgo: el desafío no es únicamente crear empleo, sino mejorar su formalización y sostenibilidad en el tiempo.

Señales cuantitativas y hallazgos puntuales para México

  • Proyección de crecimiento: la OIT incorpora para México una proyección de crecimiento de 1,0% en 2025, por debajo del 1,4% en 2024, en un contexto donde las barreras comerciales y la incertidumbre asociada pueden seguir debilitando las perspectivas económicas.
  • Integración del empleo al comercio intrarregional: para 2022, el informe estima que el bloque Canadá–México–Estados Unidos tiene 47,1% del empleo relacionado con el comercio dependiente de relaciones intrarregionales, por encima del promedio mundial que reporta el documento, lo que sugiere una integración intensa del empleo a cadenas regionales.
  • Volatilidad histórica de esa integración: la OIT señala que la importancia del componente intrarregional en el bloque ha presentado “grandes subidas y bajadas” entre 1995 y 2022, lo que sugiere que el empleo asociado al comercio puede expandirse o reconfigurarse con rapidez según cambios de política y del ciclo económico.
  • Persistencia de informalidad: México es mencionado por la OIT entre los países donde la informalidad sigue siendo “particularmente elevada”, un hallazgo cualitativo que el reporte conecta con déficits persistentes de trabajo decente.

Riesgos que pueden reordenar el empleo mexicano en 2026–2027

Integración regional como oportunidad laboral, con beneficios que no se distribuyen automáticamente

En su análisis sobre comercio y empleo, la OIT plantea que el comercio puede impulsar empleo de mayor calidad. Este punto es especialmente relevante para México: la cifra de 47,1% de empleo relacionado con el comercio dependiente de relaciones intrarregionales en el bloque norteamericano sugiere que los encadenamientos regionales sostienen una fracción importante del empleo asociado a flujos comerciales. En términos de estructura productiva, esa integración suele asociarse a estándares más altos de productividad y, en muchos casos, a mayor formalización.

Sin embargo, el informe también introduce un límite: los beneficios del empleo vinculado al comercio pueden concentrarse en determinados segmentos y no expandirse de forma homogénea a toda la economía. Para México, esa afirmación dialoga directamente con el hallazgo de informalidad particularmente elevada: la economía puede contar con un núcleo exportador y de servicios asociados al comercio relativamente más formal, mientras una proporción amplia de trabajadores permanece fuera de esquemas de protección. Esa coexistencia reduce la capacidad de que el dinamismo de los sectores integrados se traduzca en un progreso generalizado de trabajo decente.

En un contexto de desaceleración del crecimiento y persistencia de barreras comerciales, la segmentación puede incluso acentuarse, dado que los sectores integrados al comercio ajustan por productividad, automatización o reorganización de tareas, mientras el resto del mercado absorbe mano de obra en actividades informales de baja productividad. El resultado, según la lógica del informe, puede ser una estabilidad aparente en empleo total, pero con presión sobre salarios reales y mayor fragilidad en ingresos, especialmente en los hogares que dependen de ocupaciones sin cobertura.

Esta lectura es consistente con la advertencia de la OIT de que el desempeño del mercado laboral debe evaluarse más allá de tasas agregadas. Para México, donde la informalidad se reconoce como persistente, los indicadores de calidad, formalización, estabilidad, cobertura de protección social y evolución del ingreso real, resultan determinantes para interpretar el “estado real” del mercado laboral en 2026.

México en el cruce entre integración y vulnerabilidad

El informe Employment and Social Trends 2026 deja para México una conclusión de impacto: el país combina una inserción regional que puede sostener empleo asociado al comercio con un nivel de exposición elevado a la incertidumbre comercial, y además arrastra un componente estructural de informalidad que limita la transmisión de beneficios hacia el conjunto del mercado laboral. La proyección de crecimiento moderado para 2025 refuerza esa vulnerabilidad: cuando el ciclo se enfría, los déficits de trabajo decente se vuelven más visibles y la informalidad tiende a operar como válvula de ajuste.

En esa línea, el reporte sugiere que el desafío mexicano no se agota en “crear más empleo”, sino en sostener y expandir empleo con mejores condiciones en un entorno global menos predecible. Si la integración intrarregional es alta y volátil, la agenda laboral debe leer con precisión los cambios en comercio y cadena de suministro, porque allí se concentra una parte importante del empleo vinculado a la productividad. Pero, al mismo tiempo, el gran reto interno seguirá siendo reducir la informalidad y fortalecer las condiciones que permiten transiciones hacia empleo formal: productividad, estabilidad empresarial, protección social y capacidad de absorber cambios tecnológicos.

Para 2026–2027, la lectura del informe es clara, pues México se enfrenta a un “doble frente”. Hacia afuera, la necesidad de navegar la incertidumbre comercial en un bloque regional donde el empleo ligado al comercio es relevante. Hacia adentro, el imperativo de cerrar brechas de calidad laboral en un mercado donde la informalidad sigue siendo particularmente elevada. En ese cruce, la resiliencia agregada solo será sostenible si se traduce en trabajo decente, salarios reales que no se erosionen y protección efectiva para una población trabajadora que, de lo contrario, seguirá absorbiendo los shocks desde la vulnerabilidad.

Descargue aquí el informe completo:

Compartir noticia:

Publicado por:

Temas relacionados:

RELACIONADAS

Otras noticias para ti

¡Suscríbete gratis y recibe contenido exclusivo a tu correo electrónico!