Gabriela Cortés Meda, especialista del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, señaló que reconocer el trastorno desde una perspectiva científica y libre de estigmas facilita el acceso a la atención. También permite diferenciarlo de comportamientos ocasionales que pueden presentarse en cualquier persona, pero que no necesariamente constituyen un problema clínico.
La diferencia radica en la persistencia, intensidad y repercusión de los síntomas. Las manifestaciones se consideran compatibles con TDAH cuando superan lo esperado para la edad, aparecen en distintos contextos y afectan de manera significativa el funcionamiento escolar, familiar, social o laboral.
¿Cómo se manifiesta el TDAH en distintas etapas de la vida?
El trastorno se caracteriza por dos grandes grupos de síntomas. El primero está relacionado con la falta de atención y el segundo con la hiperactividad e impulsividad. No todas las personas presentan las mismas manifestaciones ni con la misma intensidad, por lo que la evaluación debe considerar la historia individual y el entorno en el que se desarrollan las dificultades.
Entre las manifestaciones vinculadas con la inatención se encuentran la dificultad para mantener la concentración en actividades que requieren esfuerzo sostenido, los errores por descuido, el olvido frecuente de tareas o compromisos, la pérdida recurrente de objetos y los problemas para organizar responsabilidades cotidianas.
La hiperactividad e impulsividad pueden expresarse mediante una necesidad constante de movimiento, hablar de manera excesiva, responder antes de escuchar completamente una pregunta, interrumpir conversaciones o tomar decisiones precipitadas. Durante la adolescencia y la edad adulta, la actividad motora visible puede disminuir y transformarse en una sensación persistente de inquietud interna.
Estas conductas, observadas de forma aislada, no permiten establecer un diagnóstico. La especialista subrayó que muchas personas pueden mostrarse distraídas, inquietas o impulsivas en determinadas circunstancias, especialmente en periodos de estrés, cansancio o alta exigencia. La valoración clínica debe determinar si existe un patrón persistente y un deterioro funcional relevante.
La detección también puede variar según la severidad. Cuando los síntomas son numerosos e intensos, el diagnóstico puede establecerse alrededor de los seis años. La edad promedio se ubica entre los seis y los diez años, aunque algunos casos pasan inadvertidos durante la infancia y solo son identificados posteriormente.
En personas adultas con sospecha de TDAH suelen encontrarse antecedentes de síntomas antes de los 12 años que no fueron reconocidos oportunamente. Esto resulta relevante porque el trastorno no aparece de manera repentina en la adultez, aunque sus consecuencias puedan hacerse más evidentes cuando aumentan las responsabilidades académicas, familiares o laborales.
¿Qué se necesita para establecer un diagnóstico adecuado?
El diagnóstico requiere una evaluación clínica integral y no debe basarse únicamente en listas de síntomas o pruebas aisladas. El proceso debe revisar el desarrollo durante la infancia, la historia médica, el desempeño en diferentes entornos, la presencia de otras condiciones y los posibles diagnósticos diferenciales.
La valoración puede ser realizada por especialistas en psiquiatría infantil y de la adolescencia, psiquiatría de adultos, pediatría del desarrollo o neuropediatría. La participación del profesional dependerá de la edad, las características clínicas y las necesidades particulares de cada persona.
El análisis de comorbilidades ocupa un lugar central, debido a que algunas dificultades emocionales, conductuales, del aprendizaje o del sueño pueden coexistir con el TDAH o producir manifestaciones semejantes. Por esta razón, una evaluación incompleta puede llevar tanto al subdiagnóstico como a una interpretación equivocada de los síntomas.
También es necesario conocer cómo se presenta la conducta en más de un contexto. En niñas, niños y adolescentes, la información de la familia y la escuela puede ayudar a establecer si las dificultades se mantienen en distintos escenarios. En adultos, la historia académica, laboral y relacional aporta elementos para reconstruir la evolución de los síntomas.
El objetivo no es asignar una etiqueta, sino comprender qué factores están afectando el funcionamiento cotidiano y qué intervenciones pueden resultar más útiles. Una evaluación adecuada permite definir prioridades, establecer metas realistas y evitar tratamientos que no correspondan con las necesidades clínicas.
El tratamiento debe adaptarse a cada persona
La atención del TDAH puede integrar distintas estrategias según la edad, la intensidad de los síntomas y el nivel de afectación. La Secretaría de Salud señaló que entre las alternativas se encuentran la psicoeducación, los ajustes en el hogar, la escuela o el trabajo, la terapia orientada al desarrollo de habilidades y el tratamiento farmacológico cuando esté indicado.
- La psicoeducación ayuda a comprender el trastorno y a reducir interpretaciones basadas en culpa, desinterés o falta de voluntad.
- Los ajustes en el entorno pueden facilitar la organización, la planeación de tareas y el cumplimiento de responsabilidades.
- Las intervenciones terapéuticas pueden fortalecer habilidades, aprovechar capacidades y responder a necesidades concretas.
- Los medicamentos pueden considerarse después de una valoración clínica y requieren seguimiento profesional.
Las guías internacionales basadas en evidencia muestran que el tratamiento farmacológico puede reducir de forma importante los síntomas y el deterioro funcional. Sin embargo, su utilización debe formar parte de un plan individualizado, con vigilancia de la respuesta clínica y revisión periódica de las necesidades de la persona.
El abordaje no debe centrarse exclusivamente en controlar conductas visibles. También debe considerar la autoestima, las relaciones interpersonales, las dificultades acumuladas y las fortalezas individuales. Una intervención bien estructurada puede reducir el impacto del trastorno y favorecer un desarrollo más estable en las distintas etapas de la vida.
Para niñas, niños y adolescentes, la coordinación entre la familia, la escuela y los profesionales de salud puede mejorar la consistencia de las estrategias. En adultos, los ajustes laborales, las herramientas de organización y el acompañamiento terapéutico pueden contribuir a manejar responsabilidades que antes generaban frustración o bajo desempeño.
Una condición frecuente que todavía enfrenta estigma
De acuerdo con el World Federation of ADHD International Consensus Statement citado por la especialista, el TDAH afecta aproximadamente al 5,9 % de niñas, niños y adolescentes y al 2,5 % de las personas adultas en el mundo. Estas estimaciones reflejan que no se trata de una condición excepcional, aunque su identificación sigue siendo desigual.
El desconocimiento puede llevar a interpretar los síntomas como falta de esfuerzo, desobediencia, irresponsabilidad o escaso interés. Estas percepciones retrasan la búsqueda de ayuda y pueden profundizar las dificultades escolares, sociales y emocionales, especialmente cuando la persona recibe señalamientos antes de comprender qué ocurre.
La sensibilización busca reducir esos prejuicios y promover una conversación sustentada en evidencia. Reconocer el TDAH no significa reducir a la persona a un diagnóstico, sino identificar una condición que puede requerir apoyos específicos para desarrollar sus capacidades y participar plenamente en su entorno.
La Secretaría de Salud enfatizó que el diagnóstico oportuno y el tratamiento adecuado pueden cambiar la trayectoria de vida de quienes presentan el trastorno. La atención temprana permite intervenir antes de que las dificultades se acumulen y ofrece herramientas para mejorar el funcionamiento sin desconocer la diversidad de experiencias.
La conmemoración del Día Mundial de la Sensibilización sobre el TDAH plantea, en consecuencia, un llamado a observar los síntomas sin estigmas, buscar valoración especializada cuando exista una afectación persistente y comprender que el tratamiento debe construirse a partir de las necesidades, fortalezas y contexto de cada persona.
