El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado presentó un balance sobre la implementación de La Clínica es Nuestra, programa federal orientado a fortalecer la infraestructura, el equipamiento y las condiciones operativas de las unidades médicas.
Según Martí Batres, durante 2025, primer año de aplicación del programa en el ISSSTE, se beneficiaron 562 clínicas. Para 2026, el alcance aumentó a 633 unidades de primer nivel y establecimientos mixtos que también prestan algunos servicios de segundo nivel.
Dentro de este último grupo se encuentran las Clínicas Hospital y las Clínicas de Medicina Familiar con Especialidades y Quirófano. La incorporación de estas unidades amplía el campo de intervención del programa, aunque el énfasis institucional continúa concentrado en la atención primaria.
El director general sostuvo que este mecanismo busca transformar especialmente el primer nivel, donde se resuelve una proporción importante de las necesidades frecuentes de los derechohabientes y se realiza el seguimiento inicial de enfermedades crónicas, controles preventivos y atención ambulatoria.
Derechohabientes deciden la destinación de los recursos
Uno de los componentes centrales del programa es la participación de los usuarios en la definición de las compras y adecuaciones requeridas por cada clínica. De acuerdo con el ISSSTE, los derechohabientes identifican las necesidades prioritarias y deciden qué insumos o mejoras deben financiarse con los recursos asignados.
Las adquisiciones reportadas incluyen termómetros, glucómetros, oxímetros, tijeras para suturas o retiro de puntos, charolas de curación, mesas Pasteur, negatoscopios, mesas de exploración y sillas de ruedas.
También se han comprado equipos de mayor complejidad o destinados a procedimientos específicos, como aparatos portátiles de rayos X, autoclaves para material de curación y servicios dentales, estuches de diagnóstico, doppler fetales y baumanómetros de pie.
La diversidad de los bienes adquiridos evidencia que las necesidades no son homogéneas entre las unidades. Algunas requieren elementos básicos para la consulta cotidiana, mientras otras necesitan renovar equipo clínico o ampliar su capacidad para resolver procedimientos dentro del propio establecimiento.
Infraestructura, accesibilidad y conservación de medicamentos
Los recursos de La Clínica es Nuestra no se han limitado a la compra de instrumental médico. El ISSSTE informó que algunas clínicas los utilizaron para adquirir refrigeradores destinados a la red fría de medicamentos y vacunas, así como unidades dentales completas.
La conservación adecuada de productos que requieren control de temperatura es un componente crítico para evitar pérdidas y mantener sus condiciones de almacenamiento. En este sentido, la adquisición de refrigeradores puede fortalecer procesos logísticos y de seguridad dentro de las unidades, aunque el comunicado no detalla cuántos equipos fueron comprados ni en qué clínicas se instalaron.
Otras intervenciones han estado dirigidas a la adecuación de espacios. Entre las acciones reportadas se encuentran la construcción de áreas para laboratorios, telemedicina o consultorios adicionales, además de la rehabilitación de sanitarios.
También se han instalado techumbres y rampas para facilitar el acceso de personas adultas mayores y usuarios con movilidad reducida. Estas mejoras se relacionan con barreras físicas que pueden limitar el uso oportuno de los servicios, especialmente en clínicas cuya infraestructura no fue diseñada originalmente bajo criterios actuales de accesibilidad.
Fortalecer la capacidad resolutiva de las clínicas
El valor del programa dependerá no solo de la cantidad de unidades beneficiadas, sino de la manera en que el nuevo equipamiento se incorpore a la atención cotidiana. La disponibilidad de insumos puede reducir limitaciones operativas, pero requiere mantenimiento, capacitación del personal, reposición y articulación con los procesos clínicos.
Por ejemplo, la adquisición de un doppler fetal o de un equipo de rayos X portátil puede ampliar las posibilidades diagnósticas de una unidad, siempre que existan profesionales capacitados, protocolos de uso y condiciones técnicas para operar el equipo con seguridad.
De manera similar, la construcción de un espacio para telemedicina no garantiza por sí sola la prestación efectiva del servicio. También son necesarias conectividad, disponibilidad de especialistas, interoperabilidad de la información y criterios claros para seleccionar a los pacientes.
La expansión plantea retos de seguimiento y transparencia
El aumento de 562 a 633 unidades representa 71 establecimientos adicionales frente al primer ejercicio del programa en el ISSSTE. Sin embargo, el balance presentado no incluye indicadores sobre tiempos de ejecución, porcentaje de recursos ejercidos, resultados por entidad federativa ni mecanismos de supervisión.
La participación de los derechohabientes puede favorecer que las inversiones respondan a necesidades locales, pero también exige procesos transparentes de decisión, documentación de compras y rendición de cuentas. La utilidad del modelo dependerá de que las prioridades seleccionadas se traduzcan en mejoras verificables para pacientes y personal sanitario.
El ISSSTE ubicó estas acciones dentro de la política de renovación del sistema público de salud impulsada por el Gobierno federal. Más allá de ese marco político, el principal desafío será demostrar que la expansión de La Clínica es Nuestra produce cambios sostenidos en la calidad, accesibilidad y capacidad resolutiva del primer nivel de atención.
